miércoles, 28 de septiembre de 2016

                                   
                                         CRÍTICA A LA RACIÓN PURA



                      


 Crítica a la Ración Pura es el trabajo que llevó al anonimato al famoso sociólogo Roque Rota. Dicho trabajo consiste en una serie de ensayos sobre la industria del alimento para pollos y fue realizado por encargo de su madre propietaria de Pollos Ester. Esta señora decía que, Si se les da ración pura los pollos quedan demasiados fuertes, quedan hechos unas motos y en Pollos Ester los tuvimos que atar porque se nos escapaban, y eso ocasionó un costo imposible de absorber… si fuesen pajitas sí las podríamos absorber, pero atarlos no. Roque Rota no estaba de acuerdo con su madre pero tomó el encargo por necesidad económica, e igual estableció críticas muy duras contra la industria del alimento polleril. La suma de dinero a la que accedió Roque Rota se desconoce, pero no debe de haber sido menor ya que le permitió reabrir su taller de reparaciones Reparaciones Rota, si está Rota está arreglado. Su sueño era reparar pollos, pero los pollos no se rompen, a lo sumo se enferman, salvo que estemos hablando de pollos de porcelana…  ¿pero quién tendría el mal gusto de hacer un pollo de porcelana?, ya bastante tenemos con esas personas que cuelgan golondrinas de porcelana en la pared… a esas personas deberían robarles sus casas y que les dejen solo las golondrinas en la pared, sus casas desvalijadas… a propósito ¿cómo se llama cuando roban todo de una fábrica de valijas? … pero las casas con golondrinas son imperdonables, como los pollos de porcelana, pero este pollo era de verdad y no estaba roto, estaba enfermo, aunque en realidad era algo sicológico, estaba somatizando ya que el pobre animal pensó que la crítica era para él… y el animal se perjudicó.

sábado, 17 de septiembre de 2016

                             HORA DE COMER



  Sonaron las diez y eran diez menos cinco. Definitivamente el reloj adelantaba ¿Cómo explicárselo a su padre sin que este se enfadara? pensaba Boris que en la tarde había tenido la mala idea de llevar el reloj de arena a la playa pensando que sería un buen recurso para impresionar alguna señorita. Lo que no tomó en cuenta fue el riesgo del ingreso de arena al artefacto, que ya tenía arena de por si al ser un reloj de la misma, pero era la arena adecuada siendo la recientemente incorporada más fina, aumentando así el flujo y dando lugar a un adelantamiento en el dispositivo. Si Boris hubiese concurrido a la playa de un río la arena hubiese sido más gruesa, provocando en ese caso un atraso del mecanismo. La principal preocupación del muchacho, que en este caso evito llamar Boris ya que en el enunciado anterior lo llamé de esa manera, era el carácter belicoso de su padre Gladys, que así se llamaba porque la familia vino de otro lugar donde Gladys parece ser que es un nombre de señor. Gladys era muy agresivo, y esto se había incrementado en los últimos tiempos debido a los magros resultados en los negocios. Gladys se dedicaba al transporte de agua tibia, y Boris era consciente de la importancia del reloj en el trabajo de su padre; si el agua llegaba antes estaba caliente, si llegaba tarde estaría fría. Tenía que ser en el momento exacto, no cinco minutos antes. Boris fue a la iglesia en busca de ayuda, y se confesó con el padre… no con Gladys,  padre en tanto que sacerdote… con el padre Norma, que así se llamaba porque la familia vino de un lugar donde Norma parece ser que es un nombre de señor. Así que Boris se confesó con Norma por los problemas con Gladys. Norma le aconsejó que le echara polenta al reloj. Boris preguntó si esta debía estar cruda o cocida, a lo que Norma, tomándose la cabeza entre sus manos,  le respondió que debía estar más o menos. Así lo hizo Boris al llegar a su casa, para luego sentarse y esperar a ver si Gladys notaba lo sucedido. A todo esto Héctor, su madre… que así se llamaba porque… la habían anotado mal, los padres le dijeron Anastasia, pero el funcionario que la anotó entendió Héctor, y ahí quedó Héctor. Héctor, acomodándose la enagua preguntó, Boris, ¿no viste la polenta? Boris quedó pálido, mientras que Héctor continuó, Recién me llamó tu padre Gladys para que le hiciera polenta. Boris intentó mantener la calma, y cuando iba a articular una respuesta irrumpió Gladys en la cocina insultando y pateando un gato, ¡¿Dónde está mi polenta?! a lo que Boris, mientras estiraba sus brazos con el reloj de arena en sus manos, contestó, La polenta Gladys… la polenta está en el tiempo.

lunes, 5 de septiembre de 2016

                                       
                                           TENENCIA RESPONSABLE 



 Irene se sacó dos piojos, uno con un cepillo, otro con una rifa. Vaya premio, pensó Irene mientras adquiría un número que a la postre resultaría favorecido con dicho roedor. Ya en casa, Irene tomó a su nueva mascota y la colocó en un plato hondo para que no escapase. En el pasado había tenido malas experiencias con animales que ante el mínimo descuido tenían a mal huirse. La última pena la había sufrido con una lombriz, que la había dejado en un plato llano y cuando la fue a bañar Rodriguez, así la había llamado, ya no se encontraba. Pero ahora no volverá a pasar lo mismo, dijo Irene mientras tiraba los restos de una sopa y se asía de un plato hondo para colocar a… ¿Cómo lo llamaré?, pensó Irene. En honor a su abuelo pensó en ponerle Mi Abuelo, pero ese no era nombre de piojo, así que, luego de recordar a su tía, decidió llamarlo Roberto. Te llamarás Roberto, le dijo Irene al animal que tenía carita como de asustado… pero a Irene le pareció que la cara era de hambre, así que sacó una mojarra de la pecera y la puso en el plato hondo. Roberto al ver a la mojarra se refregó las manos ya que efectivamente estaba pasando por una etapa donde la nutrición no era la apropiada para la salud piojeril. Entonces dio un gran salto para caer en el lomo de la mojarra y así tomar el control de la situación. Pero vaya a saber por qué, quizás debido a la humedad reinante en lo que era el pescado, Roberto pegó tremendo resbalón y fue a dar en forma muy violenta contra una silla, que para su fortuna resultó ser giratoria, así que aprovechó la vuelta y con el impulso se le abalanzó nuevamente encontrando en este caso al pescado bostezando, a lo que entró por una branquia y salió por la otra. Ahí Roberto medio que se molestó y miró a Irene como diciéndole, ¿Qué me traés?, yo soy tu responsabilidad, no podés darme lo primero que tengas adelante. Ella entendió enseguida y mientras guardaba a la mojarra en la pecera decía, ¿Sabés qué Roberto?, tenés razón, te voy a hacer algo bien rico… moñas con queso. Roberto, inquieto, contestó con una mirada como diciéndole, Sí, me encanta, pero sin moñas, por favor.