Una Joya.
sábado, 30 de abril de 2016
miércoles, 27 de abril de 2016
La navidad de las mojarras
Enrico de Bali estaba
instalado en la sala de espera de su dentista observando detenidamente las
fotos colgadas en la pared. En ellas había dentaduras, parciales unas,
completas otras, con sus encías y sus raíces correspondientes. Había niños con
sus madres con unas sonrisas envidiables. Había muelas solas de donde salían
diferentes flechas que indicaban lugares y nombres; todo era referente a la
profesión del responsable de la sala. En ese momento Enrico de Bali recordó que
la semana próxima tenía cita con su proctólogo. Al imaginar una posible sala de
espera lo invadió cierta inquietud. Esa idea lo llevó a ubicarse en el tema y
olvidar sus temores dentales para pasar a otro tipo de miedos. ¿Cómo y quiénes
descubrieron que la introducción de un dedo del galeno en el úpite del paciente
resultaba positivo a la hora de detectar un mal? Es muy probable que se tratase
de dos amantes hombres con conocimientos
de medicina, al menos uno de ellos. No se puede descartar que ese papel lo haya
llevado a cabo una mujer, pero las posibilidades son menores por un tema de
profesión. Es de destacar la capacidad de atención de quien ejecutó el rol
introductor, ya que se trataba de alguien a quien de verdad le gustaba la
medicina mas allá de lo sensible. Se debe haber producido un desdoblamiento en
esa persona, ya que por un lado tenemos al amante fogoso y desenfrenado, y por
otro al investigador atento, sediento de saber, que tocó algo extraño, algo que
no estaba el mes pasado y dijo, Opa…¿y esto Ramón? Enrico de Bali quedó
satisfecho con su razonamiento y esto se pudo ver en la sonrisa en su cara.
Pero la duda se presentó de nuevo, ¿cómo hizo el médico para convencer a su
segundo paciente de que tenía un nuevo método de prevención? Imagino hordas de
pacientes huyendo en sus bicicletas de los consultorios debido a lo poco
ortodoxo de la sugerencia. En eso aparece el dentista y llama a Enrico de Bali
para ser atendido, pero este se encontraba en otro mundo. El doctor lo tocó en
el hombro y Enrico de Bali se sobresaltó y gritó, ¡No quiero, No quiero!
Ojos de una princesa infiel
Mi tío se desempeñó como falsificador en sus
años de juventud de manera pésima. De hecho fue el peor de su generación, todos
ellos falsificadores de verdad. Algunos de sus trabajos distaban tanto de la
obra original que llamaba la atención, siendo considerado por algunos como un
creador, un artista, un hacedor netamente genuino. Esta lejana relación
involuntaria entre sus piezas y las a falsificar lo mantuvieron alejado de
problemas con la ley. Solo una vez tuvo que declarar ante un juez, y fue por
acuñar monedas…de seis pesos…ocho en total…y en madera….Es que necesitaba un
inflador y salía cuarenta y ocho pesos,
se justificó ante un magistrado que intentaba dilucidar si todo aquello no se
trataba de una broma de buen gusto. Otro emprendimiento que lo llevó a tener
problemas, esta vez con su mujer, fue la falsificación de licuados de leche…los
hacía con agua, y le quedaban un asco. Ahí su esposa se le puso firme, Un
momento Plácido, es muy incómodo, fueron las palabras de la mujer que lo amenazó con irse a hacer las valijas. Ella no
entendía por qué él hacía eso, porque dinero no necesitaban ya que ella ganaba
muy bien en una fábrica donde hacían valijas. Pero el real e inconsciente
motivo que movía a mi tío era el de colaborar con un mundo más justo, mejorando
lo que ya estaba, pero por carriles que golpearan al sistema….por eso no se
entiende bien lo del licuado. No buscaba un beneficio exclusivamente personal.
Pensaba en que el prójimo escaso en recursos económicos tuviese acceso a bienes
poseedores de dignidad, que de otra manera sería casi imposible, Por ejemplo
las curitas de lana, solía ser su ejemplo. Pero no fueron estos los inventos
que lo llevaron a ser conocido como el Robin Hud de los falsificadores, a
saber: el teléfono inalámbrico con cable; el contestador telefónico que
respondía con una carcajada cuando la persona que dejaba el mensaje quedaba
esperando una respuesta de la máquina; focos quemados que alumbraban un montón.
Pero lo que realmente se considera el cenit de su carrera fue la falsificación
de un consultorio que adivinaba el futuro…o sea, les decía la verdad a las
personas. Usted señora es insoportable, yo también me hubiese ido como su
esposo, y ni se le ocurra esperarlo. A un hombre le dijo, Disfrute de su pasado
que es mucho mejor que su futuro, a su esposa se la van a empomar con su
consentimiento. ¿Mi esposa me engaña?, preguntó desesperado el hombre. No no,
parece que no entendió, con Su consentimiento, usted consentirá ser engañado.
Pero un día pasó algo especial, en un descuido a mi tío se le cayeron las
cartas y vio su propio futuro. Se quedó observando pensativo, y un ayudante le
preguntó qué era lo que veía. Me veo,
contestó, juntando las cartas del piso y formando parte del final de este
cuento.
domingo, 24 de abril de 2016
La cocoa
Dicen que el tres es el número perfecto, alma, mente y cuerpo. Yo diría el tres coma uno, y es porque me encanta la cocoa. Se que la inclusión del cacao elemento quita solidez a la idea, pero gana en verdad. El recuerdo de beberla de niño en la Picada Varela luego de jugar horas en el agua, me brinda la seguridad para plantarme solo frente al mundo y defender a capa y cuchara esta teoría. Imaginar el escudo de la Asociación Cristiana de Jóvenes, que cuenta con el nombre de los tres elementos en cada uno de los costados de un triángulo, con la palabra cocoa al medio, me resulta un ejercicio inquietante. Pero se puede ir más allá, el gusto por la cocoa me acerca a la virtud, al cielo. No considero al acumular dinero como algo que brinde sentido a nuestra existencia. La posibilidad mayor del pasaje de un camello por el agujero de una aguja, a la del ingreso de un rico al reino de los cielos me resulta razonable. Y es que ser rico está mal. Y los ricos jamás utilizarán la palabra cocoa...y yo sí. No imagino a un integrante del club Bildelberg alentando a sus pares a hacer un alto en la reunión para incorporarse una cocoa. Chocolate es el sinónimo que primero aparece. Si usan cocoa los echan, o se les va la novia. Se me dirá que esto es un sin sentido de prejuicios, y yo diré que si, que lo es. ¿después de todo…qué es lo que somos si no?...¿y de qué se trata la vida entonces?...
- Gran parte de ella de superar estos prejuicios.
- ¿Y para superarlos qué es necesario?.
- Ubicarlos.
- ¿Y qué le parece que acabo de hacer?.
sábado, 23 de abril de 2016
Cosas
de uno.
A Boris le
sacaron la vesícula. Era tan pero tan bueno que no dijo nada. La madre, que era
mala, lo retó, Pero lo tuyo raya peligrosamente en la pelotudéz…te sacan algo y
no decís nada?, fueron las duras palabras de la progenitora. Es que estaba
dormido por la anestesia,
respondió tímida y razonablemente Boris. Pero dijimos que la madre era mala…¡La vas a buscar ahora
mismo!...y no vuelvas a esta casa sin lo que te sacaron!, espetó la madre
mientras ponía en manos de su hijo un tuper de Crufy.
Así fue como Boris se dirigió nuevamente al
hospital, cabizbajo y con el tuper de Crufy bajo el brazo.
Fue en una esquina que miró para adentro de una
peluquería y observó el momento en que el profesional del cabello cortaba el
mismo y este caía al piso. Esto le hizo pensar que tal vez a su madre le
asistiese algo de razón. ¿A quién pertenece el pelo sobrante en un corte de
pelo? ¿a uno o al profesional del cabello? ¿por qué nunca nos lo ofrecen? ¿no
es algo que nos pertenece? Con la vesícula lo mismo, exclamó fuerte Boris
siendo oído por una joven que lo miró sin entender nada.
Ya en la puerta
del hospital Boris sentía gran firmeza en el reclamo, poseedor de una seguridad
extraña en él. Fue ahí que se cruzó con otro doctor que tiempo atrás le había
quitado una fuerte diarrea. Boris saludó confundido, y luego de reflexionar
observando el tuper de Crufy, decidió volver a su casa.
Pobre Ramón
Mi nombre es Ramón…Ramón Tevideo. Pensarán que es una
broma, pero no, no lo es. Mi nombre ha sido una carga desde que tengo uso de
razón. Lo que tendría que ser al menos motivo de simpatía, no ya orgullo, se ha
transformado en una cruz. Imaginen a un niño en época escolar cargar con tal
denominación. Lo que para unos era solo una broma con algo de mala intención,
para mi resultaba el infierno. Risas y más risas era lo que obtenía a
diario como resultado de mi nombre. Ramón Tevideo…el niño capital….mi ombligo…
el kilómetro cero; de ese estilo eran los comentarios que día a día debía de
tolerar. Todos los días. Abrigué la esperanza de que con el tiempo la
situación cambiara, ¿por qué iba a suceder esto? no lo sé, pero no solo no
cambió sino que, con los años y siendo los actores más grandes, la situación
empeoró. Pérdida de trabajos producto de reacciones desmedidas de mi parte,
débil contacto con el sexo femenino (las prostitutas que conocía no aguantaban
la risa durante el acto…y eso me perjudicaba), y lo que llevó mi desgracia al
paroxismo…veinticinco años sin renovar la cédula por verguenza. Esto fue el
detonante, lo que me llevó a reaccionar. Harto ya de estar harto ya me cansé,
de preguntarle al mundo por qué y por qué… me dije, Ramón, esto no puede seguir
así, tienes que darle una vuelta a tu vida. Y fue así que decidí tomar el toro
por las guampas; y como un premio de la vida la solución vino sola, como un
regalo del cielo… usar mi apellido materno: Agalarza.
El Test Rogelio
El
Test Rogelio, o también conocido como Las Pruebas Rogelio, consiste en una
serie de preguntas mediante las cuales se puede llegar a establecer, con un
grado de certeza asombroso, si una persona se llama Rogelio o no.
Se
desconoce la identidad de su creador. Si se sabe su nacionalidad, holandesa, y
los deseos de conocer si su vecino se llamaba Rogelio, o no. Justamente este
vecino fue el primero en someterse al Test Rogelio, arrojando resultados
negativos, ya que su nombre era Günther. Lo pintoresco de esta historia es que
la segunda persona en someterse al Test Rogelio fue la esposa de Gunther, dando
el resultado positivo, para asombro y posterior locura de Gunther. No lo
consideré relevante, atinó a decir ella, mientras corría.
Basicamente
el Test Rogelio se conforma con poco.....son tres preguntas, siendo la primera,
¿cuál es su apellido materno?, la segunda, ¿cuál es su apellido paterno?, y la
tercera ¿usted se llama Rogelio?. Algunos estudiosos han llegado a la
conclusión de que las primeras dos preguntas son para brindarle cuerpo al
cuestionario.
Muchos
sostienen que dicho test es completamente inútil. Esto es, sostienen sus
defensores, porque jamás se vieron en la necesidad de saber si una persona se
llama Rogelio, o no. En fin...
viernes, 22 de abril de 2016
La
chica ronca
Mi tío fue el autor de El Cisne de los Lagos,
el primer balett quieto de la historia de la danza. Una expresión artística que
desconcertó a la crítica de la época. Esta arriesgada propuesta comenzaba con
un burro en una pecera y una voz femenina que decía, Rogelio…ya enganché la
mojarra en el carro. Pero mujer, contestaba un hombre. Ahí entraban unos
ayudantes y retiraban al burro. Volvían a entrar con algo en la mano que
resultaba ser la mojarra y la ponían en la pecera. El pescado debía dar la
sensación de sed. Se observaba unos instantes al animal desplazarse con mucha
comodidad, mientras que por los parlantes sonaba un carro alejándose. Ahí
ausencia de luz y una voz femenina que decía, Siempre me gustó venir a hacer
zapitos en el lago. Esa simpática secuencia tan particular que consiste en
arrojar un objeto, preferentemente plano, lo más paralelo a la superficie del
agua posible, y esperar que actúe la fuerza de gravedad y el objeto comience
una suerte de rebotes, una y otra vez sobre el agua, logrando así el bienestar
de chicos y grandes. De niña me gustaba
hacer zapitos con el jabón de mamá. ¿Con el jabón de tu madre?, preguntaba un
hombre. Si, con el jabón en polvo. Ahí sonaba la orquesta anunciando un cambio
de clima, y quedaban unos violines bellísimos que hacían de colchón para el
desarrollo de la parte del medio del balet. El actor principal, mi tío, se
quedaba parado en el centro del escenario. La actriz principal, mi tía, cuando
podía, si no alguna de mis primas, se ubicaba sentada en un extremo, y así
comenzaba un diálogo feroz:
-
Si llego a ver un cisne en este lago lo bajo de un chumbazo.
-
Pero mirá que sos sorete, ¿qué te hicieron estos animalitos?
-
Una vez me comieron un refuerzo de atún y dulce de leche.
-
¿Atún y dulce de leche?
-
Era lo único que había en la heladera.
-
Pero te hicieron un favor, deberías estar agradecido.
En
eso aparecen unos cisnes volando.
-
Mirá…unos cisnes.
-
Si, que hermosos que son, me amigaré con
ellos…¡cisnes!...¡cisnes!
Los
cisnes agarran y lo miran, y cuando lo reconocen salen huyendo espantados al
grito de, ¡¡Noooo!! ¡¡el del refuerzo, el del refuerzo!!.
Cae
el telón.
Industria Lobera y Pesquera del Estado
En una clase de Academias Pitman me enteré de
que Sócrates y Platón no gozaron de una buena relación entre ellos, y esto
devino en una mala interpretación de algunos de sus legados. Parece que
Sócrates se burlaba de forma insistente del nombre de su alumno…Cuando hagamos
una guiso y no tengamos en que servirlo llamamos a Platóoooonnn que es hondo y
profundo. Y esto a Platón lo recontra calentaba y quedaba empacado, tan
empacado quedaba que un día se lo llevaron los de Encomiendas Lomando, que para
su suerte y la de la filosofía occidental todo se aclaró cuando el filósofo
dijo que a él nadie lo mandaba. Y Sócrates sabía todo esto, y lo buscaba, lo
buscaba, hasta que un día lo encontró. Fue en una comida que organizó Sócrates
en su casa, en el fondo junto a su piscina. Y estaban todos en ella,
tranquilos, porque Sócrates les tenía prohibido nadar, Porque el agua es para
la reflexión, no para el juguete…y por un tema de higiene. Y Platón era una
mojarra, iba y venía, vuelta para acá y para allá. Y Sócrates no lo soportó y
entró en cólera
¡Afuera
del agua Platón!
Pero
Sócrates, ¿qué hice?
¡Afuera
del agua YA!
¿Pero
qué pasó?
¡Yo
solo se que no se nada!
Y justo en el fondo lindero había unos griegos
amantes de las letras haciendo un asado. Y estaban, Yo amo la ele, uno, Yo amo
la a, otro, Yo amo la hache porque no suena y no me molesta..jajaja estallaron
en risas todos los presentes, que por lo que se lee eran de gracia poco
exigente. Y cuando callaron, como colgada del aire, escucharon la frase del
maestro…Yo solo se que no se nada. Como poseídos se miraron e inmediatamente le brindaron debate a la
idea. Todos los caminos que tomaron no pasaron ni siquiera cerca de la verdadera intención del
enunciado, y tan largo fue el debate que el fragmento vacuno se les quemó.
jueves, 21 de abril de 2016
Luis Alberto.
El
cantero de Luis Alberto estaba limitado por unos prolijos adoquines. En él, en
el cantero, habitaban diferentes plantas que hacían de su existencia, la de
Luis Alberto, algo más espiritual que de costumbre. Podía pasar horas
arrollado, podía comer arrollado, podía pasar el loco mundo a su costado que
él, en ese momento, no lo iba a notar. Ese amor parecía ser recompensado con
una belleza poco habitual. Daba la impresión de que cada hoja sabía lo que
tenia que hacer , y lo hacía muy bien. No solo lo atestiguaba esto Luis
Alberto; la cantidad de pájaros, picaflores y mariposas con su presencia
parecían militar a favor del jardinero, de Luis Alberto.
Dentro
de la casa, Olga, la empleada, observaba con una sonrisa la actitud de su
patrón.
Cuando
va a quitar los ojos de él, en esa última fracción de segundo, Olga ve algo que
no lo podía dejar pasar. Luis Alberto enterraba, a modo de pala, una cuchilla
perteneciente a su cocina.
-¡
Señor Luis Alberto, se estropea el filo! Hágame el favor de tomar una pala.
- Es
que no la encontré Olga, no se preocupe que ya termino.
Olga
no quiso discutir y se fue para adentro pensando, En casa de Herrera cuchilla
de pala.
miércoles, 20 de abril de 2016
Galemire.
Galemire era un mozo, de esos que se les puede ver a la mañana con el pelo
mojado y bien peinado. La sonrisa en él era permanente y blanca, sincera. Fino
y atento, bien hablado, pintún…en definitiva, él era un buen mozo. Esa
madrugada en la que entraba a trabajar parecía ser una más, una como tantas
otras. El sol aparentemente alumbraba las mismas mesas, los mismos bancos, los
mismos manteles, las mismas copas, los
mismos ladrones, los mismos disparos, los
mismos accidentes, las mismas peleas a muerte. Sin embargo no, esa mañana todo
cambió cuando entró un viejito y dirigiéndose
a Galemire le preguntó…¿usted es algo de Jorge?
Un par de a tres
Mi tío tuvo
la inmensa fortuna de sacar el 5 de Oro. Antes de gastarlo en tonterías tuvo la sabiduría y el criterio de
invertirlo, y puso un hospital. La idea le surgió cuando vio en una vidriera
una oferta de pintura roja y se dijo, ¿Y si pongo un hospital? Ya tendría la
pintura roja para el cartel y la cruz.
Entonces compró la pintura, compró algodón y agua oxigenada en un remate; entró
en una biblioteca a los gritos, y cuando la funcionaria le dijo que se callase
con un gesto mi tío le sacó una foto. Así obtuvo la foto de la señora haciendo
ssshhh. Como camilla uso una puerta, y vendas tenía las del fútbol. Para
completar lo básico para un hospital utilizó dos SUM como desfibrilador, que
pensaba sostener en el paciente con dos palillos. Al hospital lo ubicó en su
cuarto porque estaba cerca del techo y
ahí había puesto un helipuerto…a dos aguas el helipuerto, pero peor es nada.
Así que armó todo, barrió, y se sentó a esperar
a su primer cliente. Observaba todo muy orgulloso cuando le sobrevino la
duda de si hospital llevaría hache. Una vez despejada la misma le tuvo que
hacer una con lapicera, media finita y un poco abajo ya que la o estaba muy
cerca del borde de la madera.
Solucionado el detalle se sentó a esperar, y le vinieron ganas de ir de vientre. Puso el
cartel de Vuelvo Enseguida y fue. Mas
liviano de cuerpo se dispuso a atender , y justo apareció una anciana diciendo
que tenía meteorismo. Mi tío la echò y le dijo que esto era un hospital no un
observatorio. Al rato cayó un señor con un dolor en el pecho. Mi tío no dudó un
instante y tomó los SUM y se dispuso a usarlos. El señor al recostarse en la
camilla se enganchó con el pestillo de la misma y se quejó. Mi tío para quedar
bien le ofreció unas frutas y una sopa crema del mediodía y el señor se negó a
aceptar. Esto enfureció a mi tío, Me decís que no porque este es un hospital
humilde…seguro vas a uno cajetilla y te abrazás al plato…¿sabés lo que
sos?...¿sabés lo que sos?. El señor no daba crédito a lo que escuchaba y se
dispuso a salir corriendo mientras no paraba de escuchar, ¿Sabés lo que
sos?...¿Sabés lo que sos?
Raúl, el perico negligente.
-
A mi tío le gustaba matar dos pájaros de un
tiro.
-
¿Le gustaba ser
eficiente?
-
No no, le gustaba
matar dos pájaros de un tiro. Es que él estaba en los negocios golondrinas.
Todo comenzó con su padre que tuvo una pista de patinaje sobre hielo. Con el
tiempo y a raíz de unos problemas la descuidó, y se le derritió. Vale decir que
la lindera inauguración de la pizería de horno Lo de Rita colaboró en la
crisis. Toda esta situación hizo que su esposa derramara muchas lágrimas, pero
fue inútil, ya que no se notaron por lo
derretido de la pista. Ahí fue que mi tío entró en escena y tomó gobierno del
negocio, creando un éxito de la ruina. Dejó helados a todos, y tanto le gustó
esto de dejar helados a los prójimos que se puso un reparto. Lo malo es que el
reparto de helados lo hacía caminando mientras
empujaba una heladera, que para colmo de males era de cable corto, lo
que le obligaba a tomar pedidos demasiados cercanos. Fue así que vendió la
heladera y compró una alargue de cientos de metros. Ahora podría llegar a todos
lados. Pero se encontró con un inconveniente inesperado… no tenía heladera.
Esto lo dejó helado. Entonces decidió
retomar la pista de patinaje, para conservar los helados en el piso de la pista.
Arregló con Lo de Rita para que apuntara para otro lado. Pero surgió otro problema,
no contaba con el éxito arrollador de la reapertura. No le quedó tiempo para el
reparto, por lo que decidió venderlos en un kiosko en la pista. Con lo que
nunca supo que hacer fue con el alrgue, un montón de cable al cuete…una
injusticia.
Solos y sin sal
“Héctor
y su Quinteto Mellizos” fueron los peores intérpretes del himno nacional según
un estudio llevado a cabo por la universidad de Winsconsy, Tenesse, Nevada. Su
ejecución era tan pobre que muchos llegaron a sostener que lo hacían en broma.
Todo comenzó cuando el alma mater y creador de “Héctor y su Quinteto Mellizos”,
Onorio Bombimhas, se sacó una muela en la rifa de odontología. Que contento que
estaba , y de tan contento que estaba se
puso a cantar el himno. Pero Onorio Bombinhas no fue el único feliz de esa noche. Lazlo Cuello siempre quiso ser héroe, pero nunca lo logró, Es que no
tengo caballo, solía ser su respuesta. Increiblemente el segundo premio de la
rifa era un caballo….. pero no lo sacó
Lazlo, que si sacó el tercer premio que consistía en una máquina de hacer
billetes falsos falsa…los hacía verdaderos. Pero a Lazlo no le interesaba el
dinero, él buscaba la gloria, y para ello necesitaba ser propietario o usuario
seguro de un equino. Equino que se lo sacó Ibrahím “Jaques Costeau” Balalaica,
el buzo del pueblo, que quería sacarse la máquina para comprarse un arroyo y
así desempeñar su actividad buceril. ¿Para qué quiero yo un caballo?, ¡yo
quiero la máquina!, fue el quejido resignado de Ibrahím. A todo esto Onorio
Bombinhas seguía todo muy atentamente, y sacando a relucir su condición de
líder habló con ambos y les propuso cambiar los premios. Así que tuvimos a
Lazlo Cuello con su caballo y su camino a la gloria, y a Ibrahím “Jaques
Costeau” Balalaica con dinero suficiente para poder, mediante una sencilla
operación económica, su anhelado arroyo.
Que contentos que estaban, y de tan contentos que estaban, al ver a Onorio
Bombinhas cantar el himno, se le sumaron al canto, logrando una interpretación,
algunos hablan de desesperante. Así fue como nació el conjunto “Héctor y su
Quinteto Mellizos”. Se dice, esto aún no está confirmado, que el nombre lo tomaron de una marca de
miras telescópicas.
De almas sensibles
Concurrir al gabinete higiénico en casa
ajena se sabe una tarea que solo se concreta cuando la naturaleza es
ineludible. Muchos son los elementos que actúan para que uno prefiera navegar
las turbulentas aguas de la incomodidad a
una simple ida al baño. Esta situación fue la que le tocó vivir a Roque en casa
de los padres de su amigovia. En un principio pensó en aguantar y
orinar en su casa, pero ocurrió que la reunión,
al igual que su vejiga, comenzó a extenderse. La cercanía del gabinete higiénico
junto con la delgadez de la puerta, hacían que Roque se
horrorizara al imaginar la escucha del
contacto del orín con el agua del inodoro. Solo un poseedor de un espíritu
sensible sabe de lo que escribo. A todo esto el padre trajo bebidas, a
lo que Roque pensó en huir. Sabía
perfectamente que su cuerpo no soportaría una gota más de líquido. Esto y que
la madre trajera para mostrar su posible libro “Confesiones de un pollo”
hicieron que Roque se armara de valor y
pidiese permiso para concurrir al baño. Al incorporarse, y pareciese que a modo
de castigo, la vida le presentó un segundo miedo, seguro mayor que el primero.
En el hombre las posibilidades de culminar el orin con una flatulencia son
elevadísimas. En el caso de Roque lo probable se tornaba en seguro. Fue así que
ingresó al gabinete, sudando miedo, no sabiendo que hacer. El temor hacía de su
zona
abdominal el albergue de una riña de gatos.
La cabeza de Roque no paraba cuando apareció la siempre salvadora luz en el
camino. - Cuando la ventosidad sea inminente tiraré la cisterna, así un ruido
tapará otro – fue lo tramado por el joven. El orgullo de su idea y la ausencia
de ruido al expeler la orina, producto de un correcto diseño del inodoro,
hicieron que en Roque reinase
una paz, minutos antes impensada. Tan grande
resultó su confort y confianza en el plan que solo al apretar el botón y
desgraciarse leyó el cartel en la cisterna de No funciona.
LICEO PRIVADO
Donde me sentí mas feliz fue en el Liceo
privado de Libertad. Al escuchar esas palabras me enamoré de ella
inmediatamente. El miedo al compromiso y mi dentera a los departamentos con la
letra O palidecieron. Me sentí de ella por completo, y la sentí mía. Solo atiné
a caerle en gracia, y como corresponde no hice otra cosa que navegar en el
ridículo, ¿Al falsificar un billete falso…lográs uno verdadero?, fueron mis
palabras, mis pobres palabras. Me
observó con una expresión que encontré muy cercana a la lástima. Apresurado y
nervioso solté, Yo también hice el liceo privado de libertad. ¡Que bonita
coincidencia!, exclamó feliz sorprendiéndome que no estuviese contrariada con
mi frágil participación. Recordé en un par de segundos lo difícil que fue
estudiar en esas condiciones. Le conté que no me resultó nada fácil…fue durísimo el
viaje…pero ahora que pasó el tiempo veo lo bueno que fue para mi. ¡No te puedo
creer!, gritó entusiasmada, Es increíble…a mi también lo que me resultó
complicado fue viajar. Me mataba viajar.
Pero siempre tuve tu misma sensación de que esto iba a ser bueno para mi
futuro. Los dos estábamos felices y asombrados, sentíamos que nuestras
experiencias nos unían. ¿Vos qué hiciste?, le pregunté y para mi asombro me
dijo que a ella siempre le atrajo todo lo relacionado con las computadoras. A
mi también, contesté para su sonrisa, Yo de hecho le hice todas las máquinas a
un comercio…y me agarraron y me llevaron. Debes ser bueno entonces, pensó. No
lo puedo creer, repitió una y otra vez. Me alegra y mucho el que vos y yo
tengamos gustos y pasado en común, recuerdos que en mi caso están, como ya te
dije, cargados de felicidad y belleza.
Jamás voy a saber por qué tomó a mal que le
dijese que aun tenía como recuerdo de mi
época liceal a mis dos esposas…que las tuviera colgadas en el respaldo de mi cama, que las acariciara todas las noches antes
de dormir, siempre a mano, brillantes, limpitas.
Fede erratas.
Huguito se acostó a dormir una siesta afectado
por un fuerte olor a naftalina, producto de una bolita de la misma que estaba
sobre la mesa de luz. Cuando Morfeo hizo lo suyo Huguito comenzó a soñar que
era una polilla, una polilla con muchos problemas, que quería cortar con su
vida. Y fue así que Huguito, materializando el sueño, se tragó la bolita de
naftalina. El salto que experimentó Huguito, fruto del malestar ocasionado por
la ingesta, fue digno de un espectáculo circense. Luego de varias convulsiones logró
expulsar la bolita, no así el mal aliento. Esto lo horrorizó ya que en la noche
tenía una cita donde pensaba declarársele a su amada. Fueron vanos buches y
gárgaras, el mal aliento permanecía cual roble, terco. Huguito permaneció en la
ventana pensando en voz alta, cuando de repente se vio sorprendido por el
pasaje de un ladrón y los respectivos policías persiguiendo. Los observó dar
vuelta en la esquina y continuó su actividad anterior. En eso estaba cuando
nuevamente fue sorprendido por el ladrón, que había dado vuelta la manzana; y
de tanto dar vueltas se interiorizó de la situación de Huguito, aconsejándolo
en una de las pasadas, Hay que neutralizarlo con polillas. La cara de Huguito
se llenó de luz, y luego de agradecerle, lo que le ganó un ceño fruncido de un
policía, se dirigió al galpón donde logró
setenta polillas, comiéndoselas una por una. Casi sin creerlo Huguito
notó que el mal aliento había desaparecido. Ya en la noche, tranquilo y
aceptado por su amada, le contó a esta lo sucedido. Pero que lástima, fue su
respuesta, Te hubiese llevado a mi casa para que le dieras aliento a mi
placard.
1,
2, 3…Probando.
Bjorn
compró un Tiki Taka fallado, solo hacía tiqui. Bjorn se dirigió al comercio
vendedor correspondiente y elevó una queja. Tuvo la mala suerte de que la
oficina reclamos trabajase en un sótano, lo que lo obligó a bajar la queja. El
empleado que recibió la misma era un hábil declarante, cuestión que a Bjorn no
le resultó determinante ya que no estaban en una declaración. Lo que el
empleado sostenía, no sin razón, era, uno, que ahora no existía manera de comprobar que
el objeto en denuncia había salido fallado en el momento de la venta; dos, que su mal funcionar tal vez había sido producto de una mala praxis posterior a la
compra. Bjorn sabía que el empleado en el fondo tenía razón, por eso no no quería
ir al fondo, y siguió discutiendo. El Tiki Taka estaba fallado en el momento en
que lo compré…lo abrí en mi casa y al intentar ponerlo en funcionamiento solo
hizo tiqui…aparte cómo se puede darle un uso inadecuado a un Tiki Taka, respondió
un Bjorn vehemente. A no sé, no sé, no séeee…usándolo quizás como boleadoras?...así
es probable que se perjudique, retrucó el vendedor. En el momento en que Bjorn
se disponía a brindarle un golpe de puño al vendedor, cual aparición divina, se
hizo presente en el local una hermosa joven con un Tiki Taka en sus manos…Buenas
tardes, vengo a presentar una queja formal por la compra de este Tiki Taka
fallado, solo hace taca. Los dos hombres quedaron estupefactos. Bjorn se
adelantó al vendedor diciendo, Perdone que me entrometa señora. Ay no me diga
señora que me hace sentir vieja, llámeme Héctor, dijo la joven. Bjorn
confundido continuó, Héctor, yo tengo su mismo problema, con la diferencia que
el mío hace tiqui. Héctor quedó maravillada. Ambos se miraron y supieron que
sus vidas estaban llamadas a ser una. Así que combinaron ambos artefactos
convenientemente y quedaron, por un lado dos Tiki Taka haciendo tuiqui taca, y
por otro Bjorn y Héctor unidos y felices para siempre.
Con G de congénito.
Mi tío supo tener problemas con los mosquitos,
a pesar de ser un tipo repelente. En realidad tuvo problemas con su mujer, con
mi tía. ¡Oh mi tía!...siempre dejaba de hacer cosas. Lo que a ella la enojaba
realmente eran los métodos poco ortodoxos de mi tío para combatir al alado
elemento. Por ejemplo, al caer la tardecita mi tío ponía un casette que tenía
la siguiente etiqueta, Música triste para mosquitos. Él quería deprimir al
batracio así no tendría la presencia de ánimo suficiente como para desarrollar
su naturaleza piqueril. Pero podía pasar que la música triste no funcionara.
Con los mosquitos nunca se sabe, era la frase preferida de mi tío…tanto que la
hizo poner en la cédula…en la parte de observaciones. Si la música no
funcionaba tenía como plan b la emisión de noticias preocupantes para
mosquitos. De esta forma el crustáceo quedaría en una inacción total, producto
de la angustia y la reflexión. A modo de ejemplo, El gobierno departamental
firmó un decreto que habilita la instalación de 14 plantas de fabricación de
palmetas de plástico baratas, ideales para matar mosquitos. La segunda vez que
llevó a cabo esta estrategia mi tía lo amenazó y le dijo, Mirá Natalia…(mi tío se llamaba Natalia), mirá Natalia, o
dejás esas pavadas o te vas. Mi tío, como Gallardo que era (su segundo nombre
era Gallardo), y convencido del acierto de
sus planes armó sus valijas y se dispuso a marchar. Mientras se brindaba
un último pediluvio se le vino a la mente la imagen de su galpón repleto de
mosquitos, parados en todas partes…excepto en sus almanaques INCA. ¡Eso es!,
pensó, el mosquito le teme a los almanaques INCA. Mi tía estaba cocinando
cuando vio pasar hacia el galpón a mi tío desnudo gritando ¡Eureka! . Cuando
vio que volvía y comenzaba a clavar los almanaques por toda la casa se desmayó.
Esto no puede fallar, fueron las palabras que escuchó al volver en si. Ahora…si
logra pasar la música triste, las noticias preocupantes y los almanaques INCA,
estamos ante la presencia de un elemento especial, algo diferente…como una
especie de mangangá, pero mosquito.
La Nuez de Adán.
Diré, al igual que Gerardo Calabresse en una reunión de
A.A. (Adivinos Anónimos), Ustedes me van a llamar loco,….pero si en lugar
de un manzano el árbol del pecado hubiese sido un nogal la historia hubiese
sido diferente. Imaginar a Eva luchando infructuosamente con la idea de
perjudicar la cáscara de una nuez para luego incorporársela, me hace preguntar
¿qué hubiese pasado? Seguramente nada, absolutamente nada. Nada de nada. Esa
nada sartriana, llena de angustia, llena de nada. Tengo muchísimo para
escribir sobre la nada.
La nada es un nido de horneros…pero todo puerta.
Es el agua sin gas…pero sin agua.
Es imaginar en el tedio.
La nada es secarse con una toalla nueva.
Es la bicicletería de Beroit sin su casa rodante.
Es Egipto sin pirámides, París sin torre Eiffel, Paraguay
operado.
Es un nadador con angustia existencial que nada en la
nada.
Es Batman sin Ruben.
Es un pescado cobarde…sin agallas.
La nada es lo que hubiese pasado si alguien le hubiese
avisado al capitán del Titánic que eso blanco que flotaba en el agua no era una
bolsa de nylon.
Yo se que todo esto puede resultar un poco extraño, y
quizás hasta me llamen loco, …bah, como a Gerardo.
Lauro, allí estarán.
Buenas tardes, vengo
a presentarle un invento para que lo produzca. Es un Ventilador al revés. ¿Está
interesado?. A su silencio creo que lo debo interpretar como una exigencia para
que me exprese mas, y seguramente mejor. Veamos….¿vio un ventilador, uno común
y corriente?, bueno, así pero al revés….Noto en su rostro que sigo sin hacerme
entender. El ventilador convencional tiene sus paletas dispuestas de tal forma
que al ingresar en actividad, producen una corriente de aire hacia delante. Si
una persona desea recibir el beneficio eólico no tiene mas que ubicarse delante
del artefacto. ¿Pero que sucede si alguien no desea recibir dicho flujo?...ahí
entra nuestro ventilador al revés. Imaginemos dos individuos, A y B. A desea
recibir el aire porque posee mucho calor, mientras que B no desea recibir aire
porque…hizo una promesa…parece que prometió que hasta que su esposo no le
comprara un aljibe, ella no se volvía a parar frente a un ventilador en
funcionamiento. A quiere, B no. ¿Qué hacemos?, colocamos entre ambos nuestro
ventilador al revés, apuntando hacia B, pero el aire lo recibirá A debido a la
condición contraria del electrodoméstico…¿qué le parece?...noto que su silencio
continúa…al que se le a sumado lo fruncido de su seño…¿no fui claro?...si es
por lo del aljibe olvídelo, es un detalle irrelevante…¿a qué se debe esa
mirada?...¿por qué me señala la puerta?...¿que me vaya adónde?...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















