La
chica ronca
Mi tío fue el autor de El Cisne de los Lagos,
el primer balett quieto de la historia de la danza. Una expresión artística que
desconcertó a la crítica de la época. Esta arriesgada propuesta comenzaba con
un burro en una pecera y una voz femenina que decía, Rogelio…ya enganché la
mojarra en el carro. Pero mujer, contestaba un hombre. Ahí entraban unos
ayudantes y retiraban al burro. Volvían a entrar con algo en la mano que
resultaba ser la mojarra y la ponían en la pecera. El pescado debía dar la
sensación de sed. Se observaba unos instantes al animal desplazarse con mucha
comodidad, mientras que por los parlantes sonaba un carro alejándose. Ahí
ausencia de luz y una voz femenina que decía, Siempre me gustó venir a hacer
zapitos en el lago. Esa simpática secuencia tan particular que consiste en
arrojar un objeto, preferentemente plano, lo más paralelo a la superficie del
agua posible, y esperar que actúe la fuerza de gravedad y el objeto comience
una suerte de rebotes, una y otra vez sobre el agua, logrando así el bienestar
de chicos y grandes. De niña me gustaba
hacer zapitos con el jabón de mamá. ¿Con el jabón de tu madre?, preguntaba un
hombre. Si, con el jabón en polvo. Ahí sonaba la orquesta anunciando un cambio
de clima, y quedaban unos violines bellísimos que hacían de colchón para el
desarrollo de la parte del medio del balet. El actor principal, mi tío, se
quedaba parado en el centro del escenario. La actriz principal, mi tía, cuando
podía, si no alguna de mis primas, se ubicaba sentada en un extremo, y así
comenzaba un diálogo feroz:
-
Si llego a ver un cisne en este lago lo bajo de un chumbazo.
-
Pero mirá que sos sorete, ¿qué te hicieron estos animalitos?
-
Una vez me comieron un refuerzo de atún y dulce de leche.
-
¿Atún y dulce de leche?
-
Era lo único que había en la heladera.
-
Pero te hicieron un favor, deberías estar agradecido.
En
eso aparecen unos cisnes volando.
-
Mirá…unos cisnes.
-
Si, que hermosos que son, me amigaré con
ellos…¡cisnes!...¡cisnes!
Los
cisnes agarran y lo miran, y cuando lo reconocen salen huyendo espantados al
grito de, ¡¡Noooo!! ¡¡el del refuerzo, el del refuerzo!!.
Cae
el telón.

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