jueves, 21 de abril de 2016

                                                Luis Alberto.




El cantero de Luis Alberto estaba limitado por unos prolijos adoquines. En él, en el cantero, habitaban diferentes plantas que hacían de su existencia, la de Luis Alberto, algo más espiritual que de costumbre. Podía pasar horas arrollado, podía comer arrollado, podía pasar el loco mundo a su costado que él, en ese momento, no lo iba a notar. Ese amor parecía ser recompensado con una belleza poco habitual. Daba la impresión de que cada hoja sabía lo que tenia que hacer , y lo hacía muy bien. No solo lo atestiguaba esto Luis Alberto; la cantidad de pájaros, picaflores y mariposas con su presencia parecían militar a favor del jardinero, de Luis Alberto.                                              
Dentro de la casa, Olga, la empleada, observaba con una sonrisa la actitud de su patrón.
Cuando va a quitar los ojos de él, en esa última fracción de segundo, Olga ve algo que no lo podía dejar pasar. Luis Alberto enterraba, a modo de pala, una cuchilla perteneciente a su  cocina.
-¡ Señor Luis Alberto, se estropea el filo! Hágame el favor de tomar una pala.
- Es que no la encontré Olga, no se preocupe que ya termino.

Olga no quiso discutir y se fue para adentro pensando, En casa de Herrera cuchilla de pala.

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