Luis Alberto.
El
cantero de Luis Alberto estaba limitado por unos prolijos adoquines. En él, en
el cantero, habitaban diferentes plantas que hacían de su existencia, la de
Luis Alberto, algo más espiritual que de costumbre. Podía pasar horas
arrollado, podía comer arrollado, podía pasar el loco mundo a su costado que
él, en ese momento, no lo iba a notar. Ese amor parecía ser recompensado con
una belleza poco habitual. Daba la impresión de que cada hoja sabía lo que
tenia que hacer , y lo hacía muy bien. No solo lo atestiguaba esto Luis
Alberto; la cantidad de pájaros, picaflores y mariposas con su presencia
parecían militar a favor del jardinero, de Luis Alberto.
Dentro
de la casa, Olga, la empleada, observaba con una sonrisa la actitud de su
patrón.
Cuando
va a quitar los ojos de él, en esa última fracción de segundo, Olga ve algo que
no lo podía dejar pasar. Luis Alberto enterraba, a modo de pala, una cuchilla
perteneciente a su cocina.
-¡
Señor Luis Alberto, se estropea el filo! Hágame el favor de tomar una pala.
- Es
que no la encontré Olga, no se preocupe que ya termino.
Olga
no quiso discutir y se fue para adentro pensando, En casa de Herrera cuchilla
de pala.

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