1,
2, 3…Probando.
Bjorn
compró un Tiki Taka fallado, solo hacía tiqui. Bjorn se dirigió al comercio
vendedor correspondiente y elevó una queja. Tuvo la mala suerte de que la
oficina reclamos trabajase en un sótano, lo que lo obligó a bajar la queja. El
empleado que recibió la misma era un hábil declarante, cuestión que a Bjorn no
le resultó determinante ya que no estaban en una declaración. Lo que el
empleado sostenía, no sin razón, era, uno, que ahora no existía manera de comprobar que
el objeto en denuncia había salido fallado en el momento de la venta; dos, que su mal funcionar tal vez había sido producto de una mala praxis posterior a la
compra. Bjorn sabía que el empleado en el fondo tenía razón, por eso no no quería
ir al fondo, y siguió discutiendo. El Tiki Taka estaba fallado en el momento en
que lo compré…lo abrí en mi casa y al intentar ponerlo en funcionamiento solo
hizo tiqui…aparte cómo se puede darle un uso inadecuado a un Tiki Taka, respondió
un Bjorn vehemente. A no sé, no sé, no séeee…usándolo quizás como boleadoras?...así
es probable que se perjudique, retrucó el vendedor. En el momento en que Bjorn
se disponía a brindarle un golpe de puño al vendedor, cual aparición divina, se
hizo presente en el local una hermosa joven con un Tiki Taka en sus manos…Buenas
tardes, vengo a presentar una queja formal por la compra de este Tiki Taka
fallado, solo hace taca. Los dos hombres quedaron estupefactos. Bjorn se
adelantó al vendedor diciendo, Perdone que me entrometa señora. Ay no me diga
señora que me hace sentir vieja, llámeme Héctor, dijo la joven. Bjorn
confundido continuó, Héctor, yo tengo su mismo problema, con la diferencia que
el mío hace tiqui. Héctor quedó maravillada. Ambos se miraron y supieron que
sus vidas estaban llamadas a ser una. Así que combinaron ambos artefactos
convenientemente y quedaron, por un lado dos Tiki Taka haciendo tuiqui taca, y
por otro Bjorn y Héctor unidos y felices para siempre.
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