Cosas
de uno.
A Boris le
sacaron la vesícula. Era tan pero tan bueno que no dijo nada. La madre, que era
mala, lo retó, Pero lo tuyo raya peligrosamente en la pelotudéz…te sacan algo y
no decís nada?, fueron las duras palabras de la progenitora. Es que estaba
dormido por la anestesia,
respondió tímida y razonablemente Boris. Pero dijimos que la madre era mala…¡La vas a buscar ahora
mismo!...y no vuelvas a esta casa sin lo que te sacaron!, espetó la madre
mientras ponía en manos de su hijo un tuper de Crufy.
Así fue como Boris se dirigió nuevamente al
hospital, cabizbajo y con el tuper de Crufy bajo el brazo.
Fue en una esquina que miró para adentro de una
peluquería y observó el momento en que el profesional del cabello cortaba el
mismo y este caía al piso. Esto le hizo pensar que tal vez a su madre le
asistiese algo de razón. ¿A quién pertenece el pelo sobrante en un corte de
pelo? ¿a uno o al profesional del cabello? ¿por qué nunca nos lo ofrecen? ¿no
es algo que nos pertenece? Con la vesícula lo mismo, exclamó fuerte Boris
siendo oído por una joven que lo miró sin entender nada.
Ya en la puerta
del hospital Boris sentía gran firmeza en el reclamo, poseedor de una seguridad
extraña en él. Fue ahí que se cruzó con otro doctor que tiempo atrás le había
quitado una fuerte diarrea. Boris saludó confundido, y luego de reflexionar
observando el tuper de Crufy, decidió volver a su casa.

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