sábado, 23 de abril de 2016

                      Cosas de uno.

                 

 A Boris le sacaron la vesícula. Era tan pero tan bueno que no dijo nada. La madre, que era mala, lo retó, Pero lo tuyo raya peligrosamente en la pelotudéz…te sacan algo y no decís nada?, fueron las duras palabras de la progenitora. Es que estaba dormido por la anestesia,  respondió tímida y razonablemente Boris. Pero dijimos que la madre era mala…¡La vas a buscar ahora mismo!...y no vuelvas a esta casa sin lo que te sacaron!, espetó la madre mientras ponía en manos de su hijo un tuper de Crufy.

 Así fue como Boris se dirigió nuevamente al hospital, cabizbajo y con el tuper de Crufy bajo el brazo.
Fue en una esquina que miró para adentro de una peluquería y observó el momento en que el profesional del cabello cortaba el mismo y este caía al piso. Esto le hizo pensar que tal vez a su madre le asistiese algo de razón. ¿A quién pertenece el pelo sobrante en un corte de pelo? ¿a uno o al profesional del cabello? ¿por qué nunca nos lo ofrecen? ¿no es algo que nos pertenece? Con la vesícula lo mismo, exclamó fuerte Boris siendo oído por una joven que lo miró sin entender nada.

 Ya en la puerta del hospital Boris sentía gran firmeza en el reclamo, poseedor de una seguridad extraña en él. Fue ahí que se cruzó con otro doctor que tiempo atrás le había quitado una fuerte diarrea. Boris saludó confundido, y luego de reflexionar observando el tuper de Crufy, decidió volver a su casa.

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