domingo, 6 de noviembre de 2016

                                         
                                           RODANDO

                                           



Tobler observó apesadumbrado el cielo gris, encapotado, cargado de nubes portadoras de agua y fracaso. Es que ese día filmaría su cortometraje Sequía, e imaginar al actor principal diciendo lo difícil de vivir meses enteros sin agua, con un paraguas en la mano, sumía al realizador en oscuras cavilaciones. Sequía no podía resultar otro fracaso; era la tercera obra de una trilogía que había comenzado con Granizo. Granizo nunca llegó a estrenarse debido a lo extremo de su realización… las piedras rompieron todas las cámaras. Esta experiencia produjo a Tobler gran dolor de cabeza, provocando su caída en un profundo pozo. Fue gracias a una vecina que Tobler volvió a filmar, ya que esta escuchó los desgarradores pedidos de auxilio y lo rescató del pozo ofreciéndole una escalera que acertaba a llevar en ese momento. Tobler en agradecimiento le quiso regalar dos piedras de granizo, pero las buscó en su húmedo bolsillo y no las encontró, Se me habrán caído, pensó.

Con el tiempo la pasión por el cine tomo nuevas fuerzas y comenzó a rodar Roma, siendo la historia la aventura de dos niños y una loba en la academia de remo Rómulo. El fracaso de taquilla de Roma fue tremendo, por lo que nuevamente Tobler cayó en un pozo, siendo rescatado nuevamente por su vecina, que esta vez acertaba a pasar con un ascensor. Cuando la vecina se enteró de que Tobler estaba trabajando en Sequía fue y rellenó el pozo. Fue un buen gesto el de ella, pero por suerte resultó innecesario ya que en la tarde le avisaron al realizador que para la filmación de Sequía la intendencia le prestaba un gimnasio.




sábado, 29 de octubre de 2016


                                 Sobre Nombres

                                       


 ¿Se puede cambiar de nombre y conservar el apodo?, fue la pregunta que recibió el funcionario del registro no dando crédito a lo que escuchaba, ¿Cómo dice señor?  Qué si  puedo cambiar mi nombre y mantener mi apodo… me quiero llamar Nieves pero quiero que me sigan diciendo Goyo, dijo Gregorio.

 Era un viernes a la tarde y faltaban quince minutos para terminar, no ya la jornada, si no la semana. El funcionario no estaba de humor para tolerar con buena cara una tomadura de pelo como la que se le presentaba, por ello resultó entendible su dura respuesta, De ninguna manera. Gregorio ante la negativa se tiró al piso y comenzó  un agudo llanto acompañado de un enérgico pataleo. Señor por favor levántese, rogó inútilmente el funcionario que espantado observaba a Gregorio establecer un berrinche de dimensiones importantes. Señor, se lo ruego, mantenga la calma, veré que puedo hacer con su pedido. Estas palabras resultaron mágicas en Gregorio que dejó de berrear  y se incorporó adoptando una actitud tan severa como solemne, Me agrada escuchar eso, dijo Gregorio mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo, que para su infortunio había sido utilizado en el  combate de un resfriado, por lo que algo de  secreción se posó en su mejilla. El funcionario no se animó a advertirle ese detalle y decidió continuarle la corriente para descifrar si aquello se trataba de una broma o no, Su pedido debo confesarle que es poco común, imagine gentes con nombre por acá, sobrenombres por acullá. Gregorio al escuchar esas palabras poco alentadoras pareció comenzar otra escena de llanto, pero se contuvo y dijo, Yo conocí a una señora que  le decían Olga y se llamaba Otto… o le decían Otto y se llamaba Olga… o era su esposo?... si si, era su esposo que se llamaba Olga, y ella Otto. El funcionario tuvo por cierto que aquel comportamiento era propio de alguien ayuno de juicio, por lo que optó ante todo por ser cordial, afectuoso, y explicarle que lo que preguntaba era una estupidez meridiana, Hace años hubo un extraño caso donde una persona se quiso anotar pero carecía de primer apellido, solo segundo y tercero, y obviamente le dijimos que no, al igual que a su inquietud. Gregorio observó al funcionario con calma, y cuando sus ojos daban luz a las primeras lágrimas dijo, Diga que en esta oficina existe ley de gravedad, si no me tiraba a llorar en el techo.

sábado, 22 de octubre de 2016

                                                 Irineos

                                             

  Irineo Jaramillo e Irineo Bobadilla fueron los primeros hermanos por nombre y no por apellido anotados en el registro civil de la ciudad. Su madre, una vecina, llegó con ambos a la oficina del registro y le preguntó al empleado si podía anotarlos, para aprovechar. El empleado, no dando crédito a lo que escuchaba, le contestó que aquello era una farmacia, que el registro estaba al lado. La señora se disculpó de varias maneras, todas ellas iguales, y se dirigió al edificio de al lado donde pidió una caja de curitas y un jarabe para la tos. El funcionario, no  sin asombro, le dijo que la farmacia era al lado, que allí era el registro civil. La señora satisfecha de encontrarse donde lo necesitaba le preguntó al funcionario si podía anotarle a dos hermanos  con el mismo nombre pero con diferente apellido. El funcionario notó algo extraño en la situación y se dispuso a averiguar que era aquello, ¿Qué edad tiene los posibles anotados? Treinta y tres, contestó la señora. Como los treinta y tres orientales, acotó en forma poco feliz el funcionario. No no, usted no me ha entendido bien, dijo ella, Treinta uno y tres el otro. El funcionario la observó un momento, y continuó indagando, Usted me está diciendo que ellos tienen diferente apellido; Así es, respondió la madre;  Entonces tienen diferente padre, continuó el funcionario; Y diferente madre, dijo la señora; ¡Pero entonces no son hermanos si tienen diferente apellido!,  exclamó el funcionario algo contrariado; Son hermanos, dijo severamente la señora, Pero del mismo nombre, Irineo. En ese momento Bobadilla se puso a llorar por la tensión hija del debate. ¡Callate Bobadilla!, dijo la señora que tenía el acierto de llamarlos por sus apellidos y no por su nombre, evitando de esta manera enojos y desencuentros a la hora de la respuesta al llamado. Irineo Bobadilla se calmó, mientras que  Irineo Jaramillo lo rodeó  con  su brazo por el hombro, y  a su vez este respondió con una tierna sonrisa de agradecimiento. El funcionario al ver prueba de tanto cariño  se enterneció y se decidió a anotar a los que a la postre resultarían ser los primeros hermanos por nombre de la ciudad. Que contentos que estaban todos.
 Con los años la vida los llevó por diferentes caminos, pero los hermanos Irineo hicieron todo lo posible para permanecer unidos. Y fue así que Irineo Bobadilla, ya dedicado a las matemáticas, específicamente al estudio del número 3,141621, se mudó al pueblo donde Irineo Jaramillo daba clases de montañismo , ubicado en los montes entre España y Francia.




sábado, 15 de octubre de 2016

                                            ROBO ACADÉMICO

                                  

 Academia de Zapateo Zapatella ha sido objeto de una investigación a raíz de una serie de robos llevados a cabo en los últimos días. El vocero de Zapateo Zapatella quiso mantener su anonimato debido a que le robaron la cédula, y quiere estar seguro, pero fuentes allegadas nos indicaron que se trataría del instructor de talco de la Zapateo Zapatella que a su vez declaraba, Yo no soy el vocero de nada, yo solo soy el instructor de talco de la academia, yo indico cuánto talco usar, qué tipo de talco, cuándo usarlo, dónde usarlo, les cuento el origen del talco que si me lo permite le diré que se origina por accidente en la India, hace unos siete mil años cuando dos monjes tibetanos trabajaban en un proyecto para juntar todos los números telefónicos de la ciudad en un solo libro, y de repente… opiti, se encuentran con talco; eran los monjes Palmo y Live… eso en realidad es una mentira que se las invento yo a los chiquilines… bah, chiquilines y no tanto, tenemos a uno de ciento setenta años, y no sabés cómo zapatea, vos lo mirás y no le das ciento setenta, le das ciento ochenta, pero es buenísimo, arrancó el año pasado para acompañar a su padre y le gustó… y lo curioso de todo esto es que en un principio el talco le daba dentera y él no tiene dientes, le daba dentera en la dentadura postiza y uno podía observar a la dentadura en el vaso con agua largando gorgoritos por el malestar… pero con el tiempo se le fue el miedo, yo le expliqué que el talco es bueno, que es muy sano, que se recomienda beber dos litros de talco por día, que Rómulo y Remo sobrevivieron gracias a que los crió una talquera que los alimentó como si fueran talquitos suyos, y que Hitler cayó debido al uso excesivo de talco en sus partes… en realidad todo esto es mentira, pero él se lo creyó todito, nunca vi algo igual en mis cuarenta y seis años…¿qué?...¿qué no tengo cuarenta y seis años?... pará que te muestro…uy la puta madre es cierto que me robaron la cédula.

domingo, 2 de octubre de 2016

                         
                                       PROBLEMAS DE CARTEL



 Resulta curioso que ARMAS ARMAS, el mayor expendio de armamento de la ciudad, haya estada a nada del cierre definitivo. El problema se originó entre el CEO de la empresa y el departamento de marketing… que en lenguaje terrenal significa un lío entre el señor Armas y el encargado del cartel. Parece que el señor Armas quería que su apellido figurase en primer lugar, un deseo por demás adecuado; por su parte el encargado del cartel, un artista petulante, decía que primero debía ir el rubro del comercio y luego el apellido del dueño. Ambas partes estaban aferradas a su posición, de forma que aquello era una discusión entre dos mulas tercas. Yo soy el que lo contrata y el que pone el dinero, esgrimía el señor Armas, Yo lo que quiero con mi apellido primero es brindar una señal de seguridad al cliente, de responsabilidad, de solvencia… primero ante cualquier problema….ARMAS ARMAS… es perfecto, culminó el señor Armas. Estas palabras resultaron vacías a los oídos del encargado del cartel, que con una sonrisa suficiente había escuchado cada uno de los argumentos de su empleador. Su respuesta fue lacónica, No. ¿No qué?, preguntó exasperado el señor Armas. Que no… que usted no sabe nada, que usted tendrá el dinero pero el conocimiento lo tengo yo, el artista soy y el que crea de la nada soy yo; su apellido en primer lugar, junto con su alocada explicación, dan idea de cierta neurosis, y si de armas estamos hablando no es la mejor de las señales. Fíjese que su apellido en segundo lugar refleja cierta distancia, continuó el encargado del cartel, Pero a su vez toma responsabilidad ya que aparece en el mensaje, se hace cargo…ARMAS ARMAS…ARMAS ARMAS… no entiendo por qué estamos discutiendo. El señor Armas, que estaba lejos de ser un tonto, apreció la seguridad en el encargado del cartel, y por primera vez en este relato lo invadió la duda, ¿Y si estoy equivocado? ¿y si él tiene razón?. El encargado del cartel continuó, Este mismo problema lo tuvo con PAREDES PAREDES, con la diferencia de que el señor Paredes quería aparecer en segundo lugar para dar una imagen de humildad; yo le expliqué que de esa manera el mensaje iba a quedar apretado entre ambas Paredes. Esto último terminó de convencer al señor Armas que le comunicó al encargado del cartel, Lo vamos a hacer como usted dice, voy a confiar en usted. La satisfacción no se pudo disimular en la cara del encargado del cartel, mientras que el señor Armas más tranquilo pensaba en el conflicto que evitó al no haber invitado a participar en el negocio a su hermano.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

                                   
                                         CRÍTICA A LA RACIÓN PURA



                      


 Crítica a la Ración Pura es el trabajo que llevó al anonimato al famoso sociólogo Roque Rota. Dicho trabajo consiste en una serie de ensayos sobre la industria del alimento para pollos y fue realizado por encargo de su madre propietaria de Pollos Ester. Esta señora decía que, Si se les da ración pura los pollos quedan demasiados fuertes, quedan hechos unas motos y en Pollos Ester los tuvimos que atar porque se nos escapaban, y eso ocasionó un costo imposible de absorber… si fuesen pajitas sí las podríamos absorber, pero atarlos no. Roque Rota no estaba de acuerdo con su madre pero tomó el encargo por necesidad económica, e igual estableció críticas muy duras contra la industria del alimento polleril. La suma de dinero a la que accedió Roque Rota se desconoce, pero no debe de haber sido menor ya que le permitió reabrir su taller de reparaciones Reparaciones Rota, si está Rota está arreglado. Su sueño era reparar pollos, pero los pollos no se rompen, a lo sumo se enferman, salvo que estemos hablando de pollos de porcelana…  ¿pero quién tendría el mal gusto de hacer un pollo de porcelana?, ya bastante tenemos con esas personas que cuelgan golondrinas de porcelana en la pared… a esas personas deberían robarles sus casas y que les dejen solo las golondrinas en la pared, sus casas desvalijadas… a propósito ¿cómo se llama cuando roban todo de una fábrica de valijas? … pero las casas con golondrinas son imperdonables, como los pollos de porcelana, pero este pollo era de verdad y no estaba roto, estaba enfermo, aunque en realidad era algo sicológico, estaba somatizando ya que el pobre animal pensó que la crítica era para él… y el animal se perjudicó.

sábado, 17 de septiembre de 2016

                             HORA DE COMER



  Sonaron las diez y eran diez menos cinco. Definitivamente el reloj adelantaba ¿Cómo explicárselo a su padre sin que este se enfadara? pensaba Boris que en la tarde había tenido la mala idea de llevar el reloj de arena a la playa pensando que sería un buen recurso para impresionar alguna señorita. Lo que no tomó en cuenta fue el riesgo del ingreso de arena al artefacto, que ya tenía arena de por si al ser un reloj de la misma, pero era la arena adecuada siendo la recientemente incorporada más fina, aumentando así el flujo y dando lugar a un adelantamiento en el dispositivo. Si Boris hubiese concurrido a la playa de un río la arena hubiese sido más gruesa, provocando en ese caso un atraso del mecanismo. La principal preocupación del muchacho, que en este caso evito llamar Boris ya que en el enunciado anterior lo llamé de esa manera, era el carácter belicoso de su padre Gladys, que así se llamaba porque la familia vino de otro lugar donde Gladys parece ser que es un nombre de señor. Gladys era muy agresivo, y esto se había incrementado en los últimos tiempos debido a los magros resultados en los negocios. Gladys se dedicaba al transporte de agua tibia, y Boris era consciente de la importancia del reloj en el trabajo de su padre; si el agua llegaba antes estaba caliente, si llegaba tarde estaría fría. Tenía que ser en el momento exacto, no cinco minutos antes. Boris fue a la iglesia en busca de ayuda, y se confesó con el padre… no con Gladys,  padre en tanto que sacerdote… con el padre Norma, que así se llamaba porque la familia vino de un lugar donde Norma parece ser que es un nombre de señor. Así que Boris se confesó con Norma por los problemas con Gladys. Norma le aconsejó que le echara polenta al reloj. Boris preguntó si esta debía estar cruda o cocida, a lo que Norma, tomándose la cabeza entre sus manos,  le respondió que debía estar más o menos. Así lo hizo Boris al llegar a su casa, para luego sentarse y esperar a ver si Gladys notaba lo sucedido. A todo esto Héctor, su madre… que así se llamaba porque… la habían anotado mal, los padres le dijeron Anastasia, pero el funcionario que la anotó entendió Héctor, y ahí quedó Héctor. Héctor, acomodándose la enagua preguntó, Boris, ¿no viste la polenta? Boris quedó pálido, mientras que Héctor continuó, Recién me llamó tu padre Gladys para que le hiciera polenta. Boris intentó mantener la calma, y cuando iba a articular una respuesta irrumpió Gladys en la cocina insultando y pateando un gato, ¡¿Dónde está mi polenta?! a lo que Boris, mientras estiraba sus brazos con el reloj de arena en sus manos, contestó, La polenta Gladys… la polenta está en el tiempo.

lunes, 5 de septiembre de 2016

                                       
                                           TENENCIA RESPONSABLE 



 Irene se sacó dos piojos, uno con un cepillo, otro con una rifa. Vaya premio, pensó Irene mientras adquiría un número que a la postre resultaría favorecido con dicho roedor. Ya en casa, Irene tomó a su nueva mascota y la colocó en un plato hondo para que no escapase. En el pasado había tenido malas experiencias con animales que ante el mínimo descuido tenían a mal huirse. La última pena la había sufrido con una lombriz, que la había dejado en un plato llano y cuando la fue a bañar Rodriguez, así la había llamado, ya no se encontraba. Pero ahora no volverá a pasar lo mismo, dijo Irene mientras tiraba los restos de una sopa y se asía de un plato hondo para colocar a… ¿Cómo lo llamaré?, pensó Irene. En honor a su abuelo pensó en ponerle Mi Abuelo, pero ese no era nombre de piojo, así que, luego de recordar a su tía, decidió llamarlo Roberto. Te llamarás Roberto, le dijo Irene al animal que tenía carita como de asustado… pero a Irene le pareció que la cara era de hambre, así que sacó una mojarra de la pecera y la puso en el plato hondo. Roberto al ver a la mojarra se refregó las manos ya que efectivamente estaba pasando por una etapa donde la nutrición no era la apropiada para la salud piojeril. Entonces dio un gran salto para caer en el lomo de la mojarra y así tomar el control de la situación. Pero vaya a saber por qué, quizás debido a la humedad reinante en lo que era el pescado, Roberto pegó tremendo resbalón y fue a dar en forma muy violenta contra una silla, que para su fortuna resultó ser giratoria, así que aprovechó la vuelta y con el impulso se le abalanzó nuevamente encontrando en este caso al pescado bostezando, a lo que entró por una branquia y salió por la otra. Ahí Roberto medio que se molestó y miró a Irene como diciéndole, ¿Qué me traés?, yo soy tu responsabilidad, no podés darme lo primero que tengas adelante. Ella entendió enseguida y mientras guardaba a la mojarra en la pecera decía, ¿Sabés qué Roberto?, tenés razón, te voy a hacer algo bien rico… moñas con queso. Roberto, inquieto, contestó con una mirada como diciéndole, Sí, me encanta, pero sin moñas, por favor. 

domingo, 21 de agosto de 2016


                                               COSAS DEL MAR

 Boris Bica es tío de Boris Bica, el pirata más famoso de estas aguas ya que fue  el primer vigía visco que conoció la familia del mar. Todavía resuena en bares y tabernas su frase célebre, Tierras a las vistas , mis capitanes. En la embarcación tuvieron que ponerle dos mástiles para que no se equivocara. De joven fue tartamudo y el médico tratante le recetó un buen susto, que diéronselo sus allegados quitándosele  la tartamudez, pero le vino bizquera, de no creer.  Y el único trabajo que consiguió fue de vigía, y pese a sus inconvenientes fue uno muy bueno: no faltaba nunca, era aseado, atento con las damas, bien hablado a la hora de gritar, y sobre todo muy confiable, si Boris Bica avisaba tierras a las vistas, todos estaban seguros que había tierra a la vista; sin embargo si gritaba gaviotas a las vistas no tenían certeza si era una gaviota o eran varias.

 En una oportunidad divisó en el horizonte algo que no era común por sus formas y sus movimientos, no era un barco, no era tierra firme, no era una nube o una tormenta; al acercarse resultó ser un monitor de Subrayado donde Jorge Traverso miraba la tanda esperando el momento de volver al aire. ¡¿Todo bien por ahí arriba?! Preguntó el capitán notando algo perturbado a Boris Bica. ¡Todo tranquilo mi capitán! observando las mismas cosas de siempre. ¡Esté atento porque estos mares están infectados de enemigos!... es algo informativo que se lo digo subrayado para que lo recuerde bien. A Boris Bica le corrió un escalofrío por todo su cuerpo, de modo que intentó pensar en otra cosa, en concentrarse en su trabajo, pensó en mejorarlo, en rehacerlo, en cambiar de óptica. Entonces llamó a la óptica y les avisó que pensaba cambiarlos por otra. Estos le pidieron que no los cambiase, que no sea sorete. Lo siento mucho, contestó, y colgó.  Llamó a otra óptica y les dijo que quería comenzar a  trabajar con ellos… pero por error había marcado el número de la óptica con la que había roto relaciones, y los muy perros no le dijeron nada… que sí, que sería un honor contar con él como cliente. Boris Bica quedó muy contento y siguió vigilando. Pasado un par de horas divisó algo en las profundidades del mar, y en seguida gritó, ¡Sótanos a las vistas, mi capitán! ¡¿Está seguro, Boris Bica?! ¡No mi capitán, es posible también que sean altillos! En ese momento el capitán deseó lo que no tenía, una mano derecha para intercambiar opiniones, lamentablemente tenía un garfio en la mano derecha, así que se dirigió a la mano izquierda, Este Boris Bica es medio raro, ¿no? La mano izquierda elevó el pulgar en señal de aprobación, y viendo esto el capitán gritó, ¡Atento Jorge que en veinte segundos volvés al aire! 

sábado, 13 de agosto de 2016

                            
                                             EL SIMULADOR




   Si el Hindmburg hubiese llevado un bomberito, o si algún vecino hubiese acertado a pasar por ahí con un balde con agua, quizás la historia hubiese sido otra. Ese tipo de comentarios junto con la sugerencia de colocar una ventana a un sótano hicieron que el arquitecto tomase medidas y me echase del estudio. Quedarme sin trabajo era impensable en esa época, ¿qué haría entonces? Fue entonces que escuché una voz que venía del interior que me dijo, Entre o salga, pero cierre la puerta que entra frío. Entré, cerré la puerta, y luego de pedir las disculpas correspondientes fue que la vi; su belleza era angelical, una obra de arte, era  vida, su rostro parecía tallado en mármol. Me acerqué lentamente, y mientras le preguntaba su nombre mi mano, ingobernable, osó acariciar su mejilla, constatando que efectivamente su cara era de mármol y que estaba acariciando un busto de Rodó. Un señor que observaba me preguntó si estaba bien, y yo pensando que era el escultor le respondí que sí, que estaba bien, que estaba igualita a Rodó. Continué caminando y presto ingresé en una librería y para disimular le pedí al vendedor un manual para disimular. ¡Nooooo, no tengo ningún manual para disimular!, me repitió una y otra vez el vendedor mientras me guiñaba un ojo y me daba golpecitos con el codo. Yo entendí enseguida, Aaaah que pena que no tenga un manual para disimulaaaaar, y ¿dónde puedo conseguir uno?, pregunté a manera de señal de que había captado perfectamente el mensaje. El vendedor, luego de mirar hacia los costados como cuidando su palabra de oídos infieles, me dijo, Disimule. Es que para eso quiero el manual, contesté cándidamente. Disimule, repitió algo más nervioso que la primera vez. Pero es que no sé hacerlo. Estaba diciendo esto al momento en que se me acercan dos individuos de aspecto poco amigable, me mostraron rápidamente unas credenciales que no llegué a leer y me preguntaron qué estaba haciendo ahí. ¿A mí me preguntan?, respondí disimulando. A usted le preguntamos, respondieron secamente. Estoy buscando un manual para ser payaso. ¿Con que el señor es gracioso? No no, justamente para ello quiero el manual. Había logrado incomodar a los individuos con mi argucia, y cuando se disponían a contestarme el vendedor intercedió en mi favor, El señor es un buen cliente. Tales palabras parecieron calmar a las dos bestias que estaban prontas a maltratarme, tanto verbal como físicamente. Yo le agradecí al vendedor que con gesto de tranquilidad me dijo que eran de seguridad, Parecen muy feroces pero en realidad son muy amables. Le dije al vendedor que no me los podía imaginar como él me los sugería. Fue ahí que me preguntó, ¿Quiere que le diga la verdad? La forma en que me lo preguntó y el brillo en sus ojos, hicieron imposible que me negara a esa pregunta. Estos dos hombres vienen con el libro. ¿Cómo dice?, pregunté asombrado. Que estos hombres vienen junto con la compra del manual para disimular. ¿Me está diciendo que si yo compro el manual me tengo que llevar a estas dos personas a mi casa? Veo que he sido claro, amigo mío; en efecto quien lleve el libro debe llevar a los caballeros, que estarán para ayudarle a disimular, de hecho gracias a ellos usted lo hizo de maravillas. Yo no lo podía creer, al punto de que creí que todo se trataba de una broma. Por eso decidí cambiar de tema, comenzando a mostrar un interés fingido en otros materiales. Fui y vine por varias materias, llegando a casi creerme mi actuación. Saliendo de la caja, luego de haber pago una serie de libros que no me interesaban… tal era mi deseo de evitar el manual, cuando en la puerta se me apersonan los dos individuos y me extienden el manual para disimular, Tome, gentileza de la casa, dijo uno, a lo que el otro acotó, Y le vamos avisando que nos gusta cenar temprano.

sábado, 6 de agosto de 2016

                         
                                 Buenos modales

                       

                     
  La mesa estaba servida de forma que no tuviese lugar comentario alguno sobre méritos no honrados ante tan digna situación. Las tangerinas sobre el repasador a un lado, el agua con limón y azúcar a otro. Brandon tomó el mondadientes del bolsillo del chaleco y mientras intentaba quitar de su dentadura un molesto trozo de carne del día anterior comentó, Madre, ¿la comezón anal es sinónimo de la tenencia de lombrices? No necesariamente hijo mío, contestó tiernamente la madre, Hay veces en que esta es hija de la orfandad higiénica. Por las dudas haré consultas con el facultativo correspondiente, la salud es nuestro principal tesoro, dijo Brandon mientras quitaba el último resto de cáscara a una tangerina. Incorporar tanto cítrico te provocará ventosidades, anotó la madre, Y bien sabes que son tremendas. Es naturaleza, respondió Brandon, Es naturaleza que no reprimo y la expelo a modo de protesta, como militancia por un regreso a nuestra madre tierra. Terminadas las  palabras de Brandon  el mayordomo se dispuso a levantar los platos con irreprochable actitud, y antes de retirarse se dirigió a la dueña de casa, Le hago saber a la señora que se ha terminado el papel higiénico, así que os ruego a usted o a algún invitado que requiera movilizar el intestino, que de momento se abstenga, por lo tanto será mejor que me mande al expendio correspondiente y mediante una sencilla transacción económica me haga de un par de rollos. La señora, que se había dirigido hacia una biblioteca y tomado Autos Sacramentales de Calderón le contestó, Vaya de inmediato que justo estaba seleccionando lectura para  ir de vientre, y estaría muy agradecida si adquiriese también algunos palillos, tengo pocos y hoy colgué  prendas compartiendo palillo y la parte del lienzo sujeta a presión no seca en manera adecuada. A todo esto Brandon disfrutaba de un te cuando le dijo a su madre, Decidí, para su cumpleaños, interpretar mi adaptación para maracas del nocturno nº 2 op 9 de Chopin. Que alegría que me estás dando hijo mío, sabes lo que significa Chopin para mi vida. Lo sé madre, lo sé, no en vano te tatuaste ambas nalgas con su nombre. Aaaaah locuras de juventud, la de vergüenzas que he pasado, con los años no se entiende bien lo que dice y me han llegado a preguntar. En eso entra el mayordomo con una bolsa en las manos y mientras se lo entrega a su señora le dice,  No me fue suficiente como para adquirir palillos, madame. No se preocupe, ha sido usted muy amable, puede retirarse, dijo la señora mientras ingresaba rápidamente al gabinete higiénico munida de bolsa y libro. Comenzaba a leer la escena segunda de El Gran Teatro del Mundo cuando llamaron a la puerta del baño  ocasionándole un gran susto, ¡Está ocupado!, gritó con razón la señora. Disculpe madame, soy yo, dijo el mayordomo, Era para avisarle que quedé debiendo doce pesos en el expendio debido a que no había papel del barato, y traje del bueno, del suavecito.


jueves, 4 de agosto de 2016

                             Bentos de cambio
     

 Benito Bentos tenía hambre y se dispuso a cocinar colocando una olla con agua sobre el fuego. Pero su apuro era tal que olvidó la olla y puso solo el agua ocasionando un verdadero inconveniente. Lazlo Bentos lo quedó mirando no dando crédito a lo que sus ojos le indicaban. Lazlo Bentos era el hermano de Benito Bentos, el hermano siamés. Los hermanos eran muy unidos, pero últimamente estaban distanciados debido a un lío de polleras, Benito Bentos encontraba gracia en usarlas mientras que Lazlo Bentos no.
  Bentos padre, o el señor Bentos… cada lector llámelo como lo encuentre más conveniente o como más guste, yo lo hice Bentos padre, marcando cierta preferencia, debido a que en mi niñez el zapatero de cabecera de mi familia era Bentos padre… en realidad era el zapatero de nuestros zapatos no de nuestras cabeceras… zapatos que volvían perfectamente reparados y con un brillo que jamás volví a apreciar en calzado alguno; de esta manera, inmaculados,  volvían los zapatos a nuestras manos… en realidad volvían a nuestros pies, es solo una gran metáfora; lo cierto es que como escritor debo tomar en cuenta la posibilidad de que exista un lector que le  agrade más llamar, en lugar de Bentos padre, señor Bentos… yo no me voy a molestar.
 Pero volviendo a los hermanos siameses Benito Bentos y Lazlo Bentos, es interesante decir que estos no eran siameses de nacimiento, se hicieron con el tiempo, precisamente al año y medio de vida. A nadie llamó la atención ya que siempre estaban juntos, y la madre no era de andarse fijando en esas cosas, y si la madre no dijo nada todo el resto de las personas aceptó con normalidad la condición siameseril en la que incurrieron. Pero todo en esta vida tiende a finalizar, y la unidad de los hermanos no iba a ser la excepción.
 Bentos padre… era un poderoso empresario de cometas, y al estar en primavera su negocio marchaba viento en popa. Por el buen servicio que brindaban sus cometas,  había recibido como regalo dos toallas, en una se leía Yo y en otra Tú. Como buen padre se las obsequió a sus hijos, desconociendo que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.  Benito Bentos reclamó la toalla que decía Yo sosteniendo que Yo era él, y Tú era él; mientras que Lazlo Bentos sostenía que Yo era él y Tú era él. Para Bentos padre Yo era Benito Bentos y Tú era Lazlo Bentos. Para la madre era una discusión estéril ya que ambos se secarían al mismo tiempo. Para un vecino que escuchaba la discusión a través  de un corralón  Yo le correspondía a Lazlo Bentos. ¡Pero cállese viejo puto!, gritó la madre. Calma mujer, pidió Bentos padre mientras juntaba unas cometas. A todo esto los hermanos habían considerado oportuno dirimir su desacuerdo mediante el uso de  golpes de puños. La madre desesperada no sabía qué hacer; Bentos  padre juntaba unas cometas, siendo el vecino el único que se dispuso a intervenir el conflicto, y luego de unos forcejeos logró separarlos… y tanto lo logró que los separó. Bentos padre, producto de la emoción de ver a sus hijos apartados, no pudo sostener en manos unas cometas que había juntado, mientras que la madre, llorando y agradecida,  no paraba de repetir, Perdóneme por lo de viejo puto.                                                                                                                                                                           







sábado, 16 de julio de 2016

                                    El otro Atila.



 Milton Lagarza anhelaba belleza y quiso plantar una rosa en su jardín, pero tenía muy mala mano para ello por tanto la flor se secó. Otro ejemplo de su impericia a la hora de amigarse con las plantas fue el intento, tan vano como desesperado, de tener Margarita de Piria. Dispuesto a llevar vida a su jardín, aprovechando un enorme eucalyptus que allí había, trasladó un nido de cotorras con la idea de formar una gran familia, pero las cotorras se fueron rechazando por primera vez este tipo de árbol. Entonces consiguió una pareja de conejos, que en cuatro años tuvieron solo dos crías. En un maizal quiso criar jabalíes, pero los animales no se adaptaron y murieron de hambre. Sin rendirse consiguió dos hamster, que resultaron los únicos elementos castos de su especie.
Milton Lagarza estaba muy solo, y por eso se compró una escalera... en cuotas. Él podría haberla comprado al contado, pero el crédito le permitiría la posibilidad de conversar con alguien cuando fuese a pagar... quince cuotas, quince charlas, un número nada despreciable si el objetivo es hacerse de una amigo. También es verdad que las finanzas de Milton Lagarza no eran un reluciente tesoro, ya que hacía unas semanas había sido su cumpleaños y el alquiler de las personas que hicieron las veces de amigos había resultado muy oneroso. Pero fue un gasto que valió la pena ya que pasó precioso, le dieron de regalo dos repasadores, uno con un caballo y otro con un tigre, naranja. En una primera oportunidad había organizado una fiesta lluvia, pero se suspendió por mal tiempo. Al principio Milton Lagarza se había alegrado que lloviese ya que consideraba a su fiesta conectada con la energía del cosmos... hasta que un vecino le explicó lo que significaba la condición pluvial de su festejo.
Una tarde escuchó el timbre de su puerta, era una vecina quien llamaba, una vecina que resultó estar completamente enamorada de Milton Lagarza, y que nunca había tenido oportunidad de demostrárselo ya que este solamente salía a pagar sus compromisos. Quién sabe por qué esta mujer se había enamorado, lo cierto es que ahora estaba dispuesta a gritárselo, incluso iba con la intención de hacer el amor si Milton Lagarza así lo quería. Pero Milton Lagarza no atendió a la puerta, estaba durmiendo la siesta, abrazado a su escalera, y pese a que escuchó el timbre decidió no atender y continuar meditando sobre aquello que lo tenía tan nervioso, y era que en la tarde iría a pagar la primer cuota.





sábado, 9 de julio de 2016

                               Hacen dados

                               


 Héctor “Tres Frascos” Goldoni fue quien obtuvo el primer puesto en el concurso de apodos inexplicables. El segundo lugar perteneció a Gladys “Nylon Negro” Betarte, siendo el tercero para Favio “Sal Fina” Hernández. El origen de este particular certamen se remonta a principios del siglo XX, cuando un poderoso hacendado prometió una potente recompensa para quien le informase el por qué su esposa era conocida como Cometa Robada. En un principio ningún vecino se animó a confesar razón alguna por el temor a ser castigado, pero el paso del tiempo se encargó de hacer ver que en el espíritu del hacendado no habitaban ánimos de venganza, sino una simple curiosidad. Perdido el temor inicial a represalias, el pueblo se hizo presente formando colas interminables en la casa del hacendado, convirtiendo su vida en un perfecto calvario. Durante cuatro días estuvo escuchando sin pausa los motivos más delirantes del por qué su esposa era llamada Cometa Robada… porque no usa poncho, porque no le gustan los gorriones, porque ordeña la vaca al revés, porque no inventó el himno nacional, y un infinito etc. Tanta versión dejó al hacendado sumido en un mar de dudas mayor al inicial, quedando ayuna la entrega de la recompensa prometida. Esto hizo que los pícaros del pueblo, a manera de chanza, organizaran un concurso de apodos sin sentido, encontrando suma gracia en brindarle sentido  a estos. Tal situación hubiese abrumado anímicamente al hacendado, pero para su suerte se encontraba de visita su cuñada Inés, también conocida como Lagarto Apretado, pero esa es otra historia.

jueves, 7 de julio de 2016

                              Vida de circo

                              

 Rómulo Francia hizo las veces de polizón huyendo escondido dentro de la carpa de un circo. En otra ocasión  lo había intentado durante el desarrollo de la Vuelta Ciclista, pero pasaron muy rápido. En esta oportunidad Rómulo Francia había aprovechado el descanso en quienes tenían por trabajo plegar lo que sería el alma del circo... su espíritu... eso llamado carpa, para con destreza felina esconderse en uno de los tantos dobleces. Pero si bien la fortuna lo acompañó  en su propósito  de no ser descubierto, no lo hizo acertar en la época en que se desarrolló la empresa, coincidiendo con los tres meses de licencia del personal circense. En ocasiones resultó una experiencia algo ingrata, recordaría tiempo después Rómulo Francia. Su ingesta durante el periplo debió agradecer a la desidia de los encargados de barrer, ya que esta consistió en la incorporación de pororós  y algodones de azúcar, faltos de higiene, es verdad, pero no menos cierto es que Rómulo Francia no estaba en condiciones de sopesar tales variables. El agua la obtuvo mediante la formación de una serie de goteras producto de la condensación de la humedad, seguramente producida por él mismo.

Asombrados resultaron quienes, encargados de desplegar la carpa, vieron surgir como una exhalación a Rómulo Francia, que para colmo de males intentó disimular desperezándose y preguntando la hora. Las nueve, dijo un payaso; pero el resto de los presentes no cayó en el ardid de Rómulo Francia de intentar disfrazar la realidad. ¿Qué está haciendo usted ahí?, preguntó severo. Bien preguntado Severo, dijo el payaso avalando lo dicho por Severo. No sea severo conmigo, dijo Rómulo Francia. Yo soy y seré Severo, dijo Severo, y mantener esta conducta de coherencia ha hecho que me llamen Severo el bueno, o el bueno de Severo, pero yo le pregunté qué estaba haciendo dentro de  la carpa. Yo me llamo Rómulo Francia, dijo Rómulo Francia, y estaba ayudando a doblar la carpa, y tropecé y me caí, y no quise molestar ya que vi a los empleados muy concentrados, y siempre por avisar, siempre por avisar, aquí estoy. El payaso estalló en un llanto producto de la emoción, Es que me hace acordar a como se conocieron mis padres. Los presentes  miraron al bufón asombrados  diciendo que era imposible imaginar una situación similar a esta. Mi padre era hombre bala, comenzó a explicar el payaso, y un día lo cargaron mucho, y salió demasiado despedido. ¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?, preguntó tranquilo Severo. Es que cuando mi padre cayó en el patio de mi madre, esta estaba escuchando Radio Francia.

lunes, 4 de julio de 2016

                               A flote

                


  Floro Bertolini dedicó los últimos años de su carrera al estudio de las mojarras, centrándose en el posible estrés postraumático sufrido luego de una inundación. Es evidente, por lo tanto haremos esta sola mención, que al ser humano una creciente lo altera sobremanera, reduciendo su campo habitacional drásticamente. Floro Bertolini imaginó que lo contrario habría de suceder en una mojarra, cuyo radio de acción se vería multiplicado en cientos. En una jornada habitual una mojarra va y viene, de aquí para allá, conociendo y respetando los límites que el río impone. Pero una inundación alteraría todo esto de forma severa. Lo que antes estaba ya no estará más. Floro Bertolini imaginó que nuestras  paredes se corrieran cientos de metros, haciendo de nuestra sala otra enorme, produciendo en el caso del animal una gran angustia. Aparecerían  también nuevas mojarras fruto de las corrientes, por lo que se puede inferir que estas harían falta en otro lugar, generando en familiares y amigos, quizá, honda preocupación. Pero Floro Bertolini también manejó la posibilidad de que este impacto llevase a la mojarra  una situación de fortuna. No es descabellado imaginar que para quien nada, la existencia de un mundo de nuevas aguas por descubrir sea motivo de celebración, convirtiendo así a la actitud de la mojarra en el eje de la discusión. Floro Bertolini profundizó estas ideas en el texto La Mojarra y el Hombre, concluyendo en que la diferencia entre paralizarse, corriendo riesgos de ser  arrastrados por la corriente, y lanzarse a la aventura de vivir nuevas experiencias es solo una cuestión de agallas.

sábado, 2 de julio de 2016

                                La otra historia

                             



 Cuenta la historia no oficial que previo a la batalla de Las Piedras un gaucho fue expulsado del ejército oriental por llamarse Axel. Dicen que el hombre intentó abogar en vano  que su madre tenía la capacidad de ver el futuro, y que le había hecho un homenaje a un cantante que le iba a gustar. Obviamente sus palabras no obtuvieron eco en sus superiores, un poco por absurdas, un poco por la inmediatez de la batalla. Los defensores de la historia de la expulsión no aseguran que el general Artigas estuviese al corriente de dicha medida. Pero se inclinan a pensar que sí la hubiese avalado, sosteniéndose en  un  hecho acaecido en el comienzo del éxodo oriental: parece ser que Artigas permitió la participación de un gaucho con la condición de que se hiciera llamar por el apellido y no por el nombre, Christopher. A raíz de este inconveniente un gaucho llamado Robin realizó todo el periplo escondido dentro de un baúl. ¿Por qué pesa tanto este baúl?, preguntó un guardia oriental a el niño que lo cuidaba, Es que lleva la colección de sellos de mi tía, contestó el pequeño, que resultó no ser otro que Gustavo Trelles, tatarabuelo de nuestro mayor volante de rally de grupos mediocres. El pequeño Gustavo Trelles resultó poseer una velocidad poco habitual en el gauchaje, convirtiéndose al poco tiempo en el responsable de la hoja de ruta del éxodo, y luego de todos los viajes del protector de los pueblos libres. Fue así que cimentó una gran trayectoria junto al general  llegando un día a Tres Cruces, donde se redactarían unas instrucciones que delegados de la Banda Oriental llevarían a un congreso en Buenos Aires. Una vez redactados , sellados y firmados los documentos Artigas preguntó dónde los guardaban, ¿En una bolsa?, ¿en un papel? Ahí Gustavo Trelles dijo, Mi general, yo tengo un baúl que…uuuh ¡el tío Robin!

miércoles, 29 de junio de 2016

                                  Prohibido Terminar




 Mi tío fue el responsable de la inauguración del convento de clausura del pueblo, y la policía la responsable de su clausura.  Que contentos que estaban todos, siendo mi tío el centro de la mayoría de las felicitaciones. Esto le permitió ser el encargado del cierre  del encuentro de sexo tántrico realizado tiempo después. En esta ocasión el balance no resultó tan positivo ya que la mayoría de los participantes no estaban de acuerdo con terminar. Fue entonces cuando mi tío tomó el micrófono y contó a los presentes la conmovedora historia de Blas Concordia, el primer boxeador pacífico   también conocido como El Bueno de los Puños. El relato comenzó contando el momento en que sonaba la campana del primer round y Blas Concordia arrancaba hacia su rival y le decía que lo mejor era conversar, que no tenían que pelear, y como era de esperar obtenía como respuesta una lluvia de trompadas. ¡Pará pará! ¿qué te hice yo?, solían ser las palabras de Blas Concordia, logrando que tanto su rival como el público presente quedaran absortos, confundidos; y era ese preciso momento el que buscaban, y donde aparecía la esposa de Blas Concordia, Olga, deslizándose en forma gatuna aprovechando  a repartir almanaques entre la gente. Ellos sabían que los almanaques tenían los días contados. Una vez finalizado el reparto la mujer comenzaba, en una de las esquinas del ring,  a bailar un malambo a manera de señal para Blas Concordia, que ya sabía que cuando su esposa iniciase un malambo en una de las esquinas del ring el reparto habría finalizado. Y ahí sí, los puños de Blas Concordia estarían libres de una vez por todas para el feroz combate. Blas Concordia ganó cuatro peleas y perdió treinta y siete y no tuvo empates.

 ¿Y eso qué tiene que ver con el sexo tántrico?, preguntó uno del público. Mi tío lo miró con algo de asombro y le dijo, Solo usted amigo mío no se había olvidado del sexo tántrico, haga el favor y termine.

sábado, 25 de junio de 2016

                                Héroe Anónimo

                       


 Vittorio Plá meditaba sobre la belleza reinante en la palabra sandalia, en su calor, en su armonía, en su ritmo y en lo fútil que resultaba todo cuando se la cambiaba por una o al final.

 Sandalio Cuestas es considerado como el héroe oculto de la revolución de 1904. Su leyenda pasó de una generación a otra, hallando en su calidad de oculto  la razón de su nula mención en los textos de historia. Sandalio Cuestas encontró virtud en el solo hecho de estar encubierto, sosteniendo que, Por algo será. Lo interesante de esto es que a Sandalio Cuestas no lo buscaba nadie ya que no había hecho nada que ameritase su requerimiento. Se escondía sin haber hecho antes las tropelías correspondientes para ser considerado un fugitivo. A Aparicio Saravia sí se lo buscaba por haber realizado una serie de acciones contrarias al poder de la época, resultando lógico que permaneciese en  la clandestinidad; ahora, Sandalio Cuestas, que se ocultó más que Aparicio, no le había hecho nada a nadie, y por ende nadie lo buscaba. Se comentó alguna vez que en él se inspiraron para el certificado de buena conducta. Su esposa lo consideró extraviado durante cuatro años, hasta que una mañana limpiando la cocina, corre la mesa y emerge de abajo Sandalio Cuestas realizando la clásica  solicitud de silencio consistiendo la misma en colocar el dedo índice sobre sus labios. A la mujer casi le da un síncope, pero Sandalio Cuestas la tranquilizó, Tranquila mujer que soy yo. Ya sé que sos vos, la puta que te parió, dijo la mujer al borde del desmayo. Mujer, bajá el volumen ¿o no sabés que me están buscando? Ella no daba crédito a lo que pasaba… ¿Qué decís Sandalio Cuestas?, ¿dónde estuviste todos estos años?  Debajo de esta mesa mujer, comiendo miguitas y tomando el agua del gato; es que soy un perseguido político, soy una molestia para el sistema, soy Robin Jud, el Alejandro Magno, el Asadur Mareskarián de la patria. La esposa notó algo raro en el comportamiento de Sandalio Cuestas, y ahí recordó que hacía unos días habían comprado una torta que resultó estar en mal estado y que se la dieron al gato.  Seguro se la comió Sandalio Cuestas y le cayó mal, pensó.

jueves, 23 de junio de 2016

                           Alcides contra Bando




 Alcides encontró beneficio en el tráfico ilegal de hormigas evitando pagar los derechos correspondientes en la aduana. Con suma paciencia comenzó a pasar de forma velada pequeñas cantidades de hormigas; un día una pequeña cantidad, al día siguiente otra, y con el paso del tiempo se encontró con un próspero criadero, todo sin haber corrido grandes riesgos de que el largo brazo de la ley cayese sobre él. Pero no todo fue tan sencillo como el lector puede imaginar, o mejor aún, como quien escribe transmite. Hubo momentos de mucha tensión en los que Alcides sintió hormigueos en su cuerpo, y dilucidar si estos resultaban fruto de la presión o de la apertura de algún recipiente, resultaba una estresante labor. Una vez, demostrando tener muy mala suerte, se sentó a su lado una señora con un oso hormiguero en la falda… no me pregunten qué hacía una señora con un oso hormiguero en la falda, pero sucedió así. Alcides en un primer momento no se dio cuenta con qué clase de animal compartía asiento; es más, en un principio pensó que era un bolso, pero cuando el animal lo miró fijo se dio cuenta de que no era un bolso. El oso hormiguero percibió en el ambiente cierto olor que estimuló sus jugos gástricos, y ahí  miró a Alcides. Usted le cayó bien a Gladys, dijo la señora sonriente mientras acariciaba a Gladys, el oso. Alcides quedó helado y sintió un hormigueo en todo su cuerpo. Intentó mantener la calma, pero fue imposible ya que sentía sobre si la punzante mirada de Gladys. Temía que sus nervios lo delataran y que ella descubriera que se estaba cometiendo un delito, pero para su tranquilidad el desconocimiento legal es proverbial entre los osos hormigueros. Es un hermoso animal, comentó forzado Alcides a la señora, ¿Se pelea con los gatos? La señora lo miró con extrañez, En absoluto, solo encuentra conflicto en las hormigas, y lo diluye incorporándoselas. Menos mal, dijo Alcides, Porque me mira como si tuviese gato encerrado. A ver Gladys no molestes al señor que ya estamos por llegar al final del cuento.
Estoy nervioso, dijo Alcides, No se si al final del relato Gladys me descubrirá o no.
Tranquilo, eso no depende de nosotros, dijo Gladys.
¿Cómo es que un oso hormiguero habla?, dijo la señora.
Pero el oso es suyo, ¿de qué se asombra?, dijo Gladys.
Es que es la primera vez que me pasa, dijo Alcides.
¿El qué es la primera vez que le pasa?, dijo Gladys.
Que me interpele un oso hormiguero, dijo Gladys.
¿Por qué dijiste eso Gladys?, dijo Gladys.
Porque me quiero casar con Alcides, dijo Gladys.
¡Ja ja ja!, rió fuerte Gladys mientras imitaba el vuelo de una Garza.
Ahí llegó el guarda y junto a varios pasajeros redujeron y se llevaron para ingresar a Gladys, que no paró nunca de entonar el himno.

La señora lloraba desconsolada por el rapto de locura sufrido por Gladys; mientras que Alcides la consolaba, ahora más tranquilo pensando, Esto con los ticholos no me pasaba.

miércoles, 22 de junio de 2016

                 El hombre que quería ser dos.

                    

 No solo la especialización en el uso de ganzúas le abrió muchas puertas a Alfonzo Bin, también le ayudó la creación del primer detector de puré. Este era un dispositivo que advertía la presencia de papilla a dos metros y medio a la redonda, en cualquier topografía, a cualquier hora del día, incluso en épocas de crecientes. Resultaba ideal para aquellas personas que, o bien no encontraban el puré, o bien lo perdían con frecuencia. Justamente a una organización que reunía a estos últimos Alfonzo Bin vendió su primer detector de puré, a la APPP, Asociación de Personas Perdedoras de Puré, por sus siglas en español. Esta agrupación se reunía en la casa de Alfonzo Bin, y contaba solo con dos miembros, el dueño de casa y su esposa, que estaban divorciados, pero que seguían formando parte de la asociación porque sostenían que no había que mezclar las cosas. Lo extraño es que ninguno de los dos había probado el puré en toda su vida, siendo el motivo principal la pérdida sistemática del pisado agente. Por eso se decidieron tomar cartas en el asunto. El asunto lo tenían y era la pérdida constante de puré, ahora solo faltaba tomar cartas. La señora, demostrando una simpleza mental y una linealidad alarmante dijo, Yo, Alfonzo Bin, cocóa te tomo, ¿pero tomar cartas?...te debés raspar toda la garganta con las puntitas. La inquietud de la señora, que encontró eco en su esposo, sumado al desconocimiento del recurso de la metáfora, demoró el proyecto durante meses, hasta que un buen día él se reveló y decidió tomar al toro por las guampas. A ver, Alfonzo Bin, dijo la señora, Yo encuentro más conveniente, a la hora de hacer una locura, tomar las cartas que tomar un toro, y por las guampas nada menos, porque si me decís por la cola, sigue siendo un disparate, pero…una carta con paciencia, con bastante agua, arrugándola un poquito, la tomás; ahora, ¿tomar un toro?... vos llamáme boba Alfonzo Bin, pero yo un vaso con cartas me lo puedo representar, ora barajas, ora misivas; pero, una mesita ratona, con un mantel de hule con el diseño de América del sur al revés, ese de Torres…al revés para mí porque estoy acá, para vos estaría bien que estás ahí… con un plato con tostadas, con una florero con flores en el medio, y con un vaso con un toro adentro me resulta imposible de imaginar; aparte sería por las guampas, habría que hacerle un agujerito en las mismas  y elevar al animal, y gravedad mediante o realizando una sutil succión, nos incorporaríamos al taurino elemento, y te digo que en este caso sería chupar al toro por las guampas…algo muy peligroso, desde ya te lo digo; no sé que opinás vos Alfonzo Bin. Este miraba a su esposa con ojos que delataban un sincero respeto intelectual queriendo decirle también que por qué no cenaban moñas, manteca y queso y no se complicaban tanto. ¡Conozco esa mirada!, dijo la mujer, Te agradezco el respeto intelectual que me tenés, y me gusta la idea de las moñas para no complicarnos tanto, pero yo quiero con aceite porque la manteca me hace doler acá, dijo ella tomándose ahí.




lunes, 20 de junio de 2016

                                            Hotel Otelo

                                              

 El Hotel Otelo llevará a cabo un sorteo para recaudar fondos con el noble fin de cambiar seis mesas de su perjudicado mobiliario. El primer premio será de tres mesas usadas, el segundo premio dos mesas usadas, y como todos estarán imaginando, el tercer premio consistirá en una mesa usada y una plantita. En la noche se celebrará una cena show donde se presentarán: recién llegados de Flores el dúo Robert Roberto y Robertito, desde Italia el brillante teatro negro de Helen y sus ascensores, y desde la lejana Siberia, aún herido por la doma de dos tigres blancos, Orloff y sus panteras tranquilas, y para finalizar la noche tenemos la alegría de informarles que el presidente del Hotel Otelo le pedirá matrimonio a su novia en forma de sorpresa…así que si tu, amigo lector, te llamas Olivia y eres la novia del presidente del Hotel Otelo deja de leer esto inmediatamente ya que te estarás enterando de la sorpresa que te tienen preparada…aunque si llegaste a esta altura del escrito el pedido anterior resultará completamente inútil… así que si tu amiga lectora te llamas Olivia no creas nada de lo que se escribió hasta ahora ya que se  trata todo de una broma, ja ja;  todo el resto de los mortales que leen esto les diré que sí, que crean porque todo es verdad…pero si Olivia lee esto la sorpresa también estará arruinada…experimento la horrible sensación de querer arreglar algo y no hacer otra cosa que empeorarlo…bueno, usted que está leyendo esto y no se llama Olivia, impida que estas letras lleguen a la antes mencionada; si usted no conoce a Olivia evite lea esto  toda mujer entre veinticinco y treinta años, un metro sesenta de altura, pelo lacio hasta por acá, morocha, setenta kilos de peso, rellenita, lindas pulpas y que generalmente va de la mano del presidente del Hotel Otelo; si usted conoce a Olivia olvide lo anterior…o sea, si impida que lea estas líneas, me refería a las descripciones. Y si a esta altura quien está leyendo esto es usted Olivia… ¿Qué quiere que le diga? 

sábado, 11 de junio de 2016

                          Trampa de gatos
                              


  Nuestra ciudad nunca supo tener entre sus hijos dilectos destacados científicos. Por eso resulta incomprensible el manto de olvido sobre Leónidas Cuello. Si se pregunta a cualquier ciudadano quién fue Leónidas Cuello dirán que no lo conocen, porque justamente en eso consiste el ser olvidado, en que a uno no lo recuerden; vaya sorpresa si lo conociesen, ¿qué haríamos con el manto? Leónidas Cuello fue el primer alquimista de nuestra ciudad y su principal trabajo consistió en la búsqueda de transformar polenta en rulemanes. Kilos y kilos cocinados a diferentes temperaturas y en innumerables líquidos, y ni un solo rulemán. También se le atribuyen otros trabajos, siendo el principal de estos  un claro ejemplo de los hallazgos realizados por azar. Una corriente de historiadores muy poco respetada le adjudica el descubrimiento del huevo duro. Parece que Leónidas Cuello trabajaba infatigablemente en la búsqueda del huevo pasado por agua, y un día, al poner varios en agua caliente, proveniente de la pieza lindera a su laboratorio, siente un gran ruido, como de dos tortugas peleándose. Dejó lo que estaba haciendo y se apersonó en el lugar, y efectivamente eran sus dos tortugas solucionando diferencias por vía de la violencia. Sin dudarlo se metió en el borbollón y comenzó a separarlas, que aunque parezca tarea fácil, una tortuga enojada es como un jabalí, pero diferente, es sin colmillos, más chica, menos ágil, no tan peligrosa, sin pezuñas, menos salvaje,  sin bigotes, con voz más suave y con caparazón. Pensó en escarmentarlas con unas palmadas , pero pensó que era más de lo mismo, y sabiamente optó por el camino del diálogo, Pero no puede ser, fíjense que comparten el mismo balde (Leónidas Cuello las tenía en un balde), comparten la misma lechuga, toman de la misma agua, las dos escuchan radio Montecarlo, ¿se van a estar peleando?...Vos Gutiérrez (porque una se llamaba Gutiérrez, la otra Ya veremos más adelante)…y vos Ya veremos más adelante…yo les hablo por el bien de ustedes, a mi en realidad todo esto me chupa un…¡Los huevos! ¡Los huevos!

sábado, 4 de junio de 2016

                            El Éxodo Dos  
   



 El Éxodo Dos es el último trabajo del profesor Ferdinand, y trata sobre un supuesto viaje realizado por tres orientales desde el Ayuí hasta los muros de Montevideo. Hartos del peso de la libertad estos tres valientes iniciarán una travesía pletórica en aventuras y peligros que los llevará por los diferentes parajes del suelo oriental. Según el autor el viaje se realizó en 1810, un año antes del éxodo principal, lo que brinda carácter profético a nuestros personajes. El capítulo primero comienza con el gaucho principal, conocido en el texto como gaucho principal, elogiando el lugar donde se encuentran, Que lugar digno de elogios el lugar donde nos encontramos, digo yo el gaucho principal; si yo fuese a retirarme  de mi patria con un pueblo atrás de mí, elegiría este lugar sin dudar un minuto,  hay leña a patadas, pájaros muchos, lo que garantiza un armónico despertar; los bagres parecen cajas de herramientas por el tamaño, y las anguilas bufandas; hay tanto apereá que si uno sale a caminar para reflexionar cosas de la propia existencia se anda tropezando con ellos.; hay tatú pa´charangos, y no hay alambrados.

 El mundo intelectual recibió con desagrado el trabajo del profesor Ferdinand, pero ello no fue óbice para que el profesor siguiese adelante con sus ideas, El hecho de que un año después de mi historia se realizase el éxodo principal hace a mi historia un punto de inspiración ineludible. Esta pobre y confusa defensa y el capítulo final del libro sumergieron en el ridículo al profesor Ferdinand. Cuando los tres gauchos  llegan a Montevideo son detenidos por la guardia ya que no se sacudieron los pies antes de entrar. Esto no está documentado, dijo el profesor, y en realidad es una licencia mía; es más, tengo documentos que sugieren que el real motivo de la detención de los gauchos fue el robo de calcomanías de una carreta oficial, pero ese disparate no lo podía poner.

miércoles, 1 de junio de 2016

                                 Pobre Leticio.



 En nuestra ciudad al entrar la primavera se celebra la Semana del Trabajo. En ella todos los ciudadanos ponen un día de su vida laboral para ser sorteado entre todos. A modo de ejemplo, uno saca una sesión con el carpintero, otro con el dentista, otro con el jardinero, otro con el mecánico  dental, otro protesta porque fue él el que sacó con el dentista, otro le dice que no son la misma cosa, y así se desarrolla un evento que hace a la ciudad una verdadera comunidad. En la última edición de la semana tuve la fortuna de obtener al detective privado del pueblo. Enseguida vino a ponerse a disposición, y yo con mucho respeto le agradecí y le dije que no era necesario, que en mi vida no había nada que ameritase sus servicios. Me cuesta expresar con palabras lo mal que tomó mi negativa dicho profesional. Que no puede ser, que no puede rechazar mi trabajo así porque sí, que tiene que haber algo para investigar, que no sea malo. Luego de intentar disuadirlo sin ningún éxito terminé concretando una cita en un bar para, según él, conocernos mejor, condición sine qua non para una correcta investigada. La mesa la eligió él, ya que de esa manera tendría una visión completa del recinto. Me preguntó si estaba conforme con mi nombre, si tenía gato, si había terminado el liceo, que si no él conocía unos albañiles que me ayudarían a terminarlo; me preguntó si tenía gases, si tenía gato, le dije que eso ya me lo había preguntado, me dijo que era por si eran siameses. Me tuvo una hora preguntándome disparates, sobrando cincuenta y ocho minutos para darme cuenta que esa cabecita no funcionaba bien. Al final nos dimos un apretón de manos quedando en que yo me comunicaba con él, pues le había comentado que seguramente me quitasen el apéndice dentro de unos meses, y arreglamos que él se encargaría de averiguar quién había sido.