jueves, 7 de julio de 2016

                              Vida de circo

                              

 Rómulo Francia hizo las veces de polizón huyendo escondido dentro de la carpa de un circo. En otra ocasión  lo había intentado durante el desarrollo de la Vuelta Ciclista, pero pasaron muy rápido. En esta oportunidad Rómulo Francia había aprovechado el descanso en quienes tenían por trabajo plegar lo que sería el alma del circo... su espíritu... eso llamado carpa, para con destreza felina esconderse en uno de los tantos dobleces. Pero si bien la fortuna lo acompañó  en su propósito  de no ser descubierto, no lo hizo acertar en la época en que se desarrolló la empresa, coincidiendo con los tres meses de licencia del personal circense. En ocasiones resultó una experiencia algo ingrata, recordaría tiempo después Rómulo Francia. Su ingesta durante el periplo debió agradecer a la desidia de los encargados de barrer, ya que esta consistió en la incorporación de pororós  y algodones de azúcar, faltos de higiene, es verdad, pero no menos cierto es que Rómulo Francia no estaba en condiciones de sopesar tales variables. El agua la obtuvo mediante la formación de una serie de goteras producto de la condensación de la humedad, seguramente producida por él mismo.

Asombrados resultaron quienes, encargados de desplegar la carpa, vieron surgir como una exhalación a Rómulo Francia, que para colmo de males intentó disimular desperezándose y preguntando la hora. Las nueve, dijo un payaso; pero el resto de los presentes no cayó en el ardid de Rómulo Francia de intentar disfrazar la realidad. ¿Qué está haciendo usted ahí?, preguntó severo. Bien preguntado Severo, dijo el payaso avalando lo dicho por Severo. No sea severo conmigo, dijo Rómulo Francia. Yo soy y seré Severo, dijo Severo, y mantener esta conducta de coherencia ha hecho que me llamen Severo el bueno, o el bueno de Severo, pero yo le pregunté qué estaba haciendo dentro de  la carpa. Yo me llamo Rómulo Francia, dijo Rómulo Francia, y estaba ayudando a doblar la carpa, y tropecé y me caí, y no quise molestar ya que vi a los empleados muy concentrados, y siempre por avisar, siempre por avisar, aquí estoy. El payaso estalló en un llanto producto de la emoción, Es que me hace acordar a como se conocieron mis padres. Los presentes  miraron al bufón asombrados  diciendo que era imposible imaginar una situación similar a esta. Mi padre era hombre bala, comenzó a explicar el payaso, y un día lo cargaron mucho, y salió demasiado despedido. ¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?, preguntó tranquilo Severo. Es que cuando mi padre cayó en el patio de mi madre, esta estaba escuchando Radio Francia.

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