domingo, 21 de agosto de 2016


                                               COSAS DEL MAR

 Boris Bica es tío de Boris Bica, el pirata más famoso de estas aguas ya que fue  el primer vigía visco que conoció la familia del mar. Todavía resuena en bares y tabernas su frase célebre, Tierras a las vistas , mis capitanes. En la embarcación tuvieron que ponerle dos mástiles para que no se equivocara. De joven fue tartamudo y el médico tratante le recetó un buen susto, que diéronselo sus allegados quitándosele  la tartamudez, pero le vino bizquera, de no creer.  Y el único trabajo que consiguió fue de vigía, y pese a sus inconvenientes fue uno muy bueno: no faltaba nunca, era aseado, atento con las damas, bien hablado a la hora de gritar, y sobre todo muy confiable, si Boris Bica avisaba tierras a las vistas, todos estaban seguros que había tierra a la vista; sin embargo si gritaba gaviotas a las vistas no tenían certeza si era una gaviota o eran varias.

 En una oportunidad divisó en el horizonte algo que no era común por sus formas y sus movimientos, no era un barco, no era tierra firme, no era una nube o una tormenta; al acercarse resultó ser un monitor de Subrayado donde Jorge Traverso miraba la tanda esperando el momento de volver al aire. ¡¿Todo bien por ahí arriba?! Preguntó el capitán notando algo perturbado a Boris Bica. ¡Todo tranquilo mi capitán! observando las mismas cosas de siempre. ¡Esté atento porque estos mares están infectados de enemigos!... es algo informativo que se lo digo subrayado para que lo recuerde bien. A Boris Bica le corrió un escalofrío por todo su cuerpo, de modo que intentó pensar en otra cosa, en concentrarse en su trabajo, pensó en mejorarlo, en rehacerlo, en cambiar de óptica. Entonces llamó a la óptica y les avisó que pensaba cambiarlos por otra. Estos le pidieron que no los cambiase, que no sea sorete. Lo siento mucho, contestó, y colgó.  Llamó a otra óptica y les dijo que quería comenzar a  trabajar con ellos… pero por error había marcado el número de la óptica con la que había roto relaciones, y los muy perros no le dijeron nada… que sí, que sería un honor contar con él como cliente. Boris Bica quedó muy contento y siguió vigilando. Pasado un par de horas divisó algo en las profundidades del mar, y en seguida gritó, ¡Sótanos a las vistas, mi capitán! ¡¿Está seguro, Boris Bica?! ¡No mi capitán, es posible también que sean altillos! En ese momento el capitán deseó lo que no tenía, una mano derecha para intercambiar opiniones, lamentablemente tenía un garfio en la mano derecha, así que se dirigió a la mano izquierda, Este Boris Bica es medio raro, ¿no? La mano izquierda elevó el pulgar en señal de aprobación, y viendo esto el capitán gritó, ¡Atento Jorge que en veinte segundos volvés al aire! 

sábado, 13 de agosto de 2016

                            
                                             EL SIMULADOR




   Si el Hindmburg hubiese llevado un bomberito, o si algún vecino hubiese acertado a pasar por ahí con un balde con agua, quizás la historia hubiese sido otra. Ese tipo de comentarios junto con la sugerencia de colocar una ventana a un sótano hicieron que el arquitecto tomase medidas y me echase del estudio. Quedarme sin trabajo era impensable en esa época, ¿qué haría entonces? Fue entonces que escuché una voz que venía del interior que me dijo, Entre o salga, pero cierre la puerta que entra frío. Entré, cerré la puerta, y luego de pedir las disculpas correspondientes fue que la vi; su belleza era angelical, una obra de arte, era  vida, su rostro parecía tallado en mármol. Me acerqué lentamente, y mientras le preguntaba su nombre mi mano, ingobernable, osó acariciar su mejilla, constatando que efectivamente su cara era de mármol y que estaba acariciando un busto de Rodó. Un señor que observaba me preguntó si estaba bien, y yo pensando que era el escultor le respondí que sí, que estaba bien, que estaba igualita a Rodó. Continué caminando y presto ingresé en una librería y para disimular le pedí al vendedor un manual para disimular. ¡Nooooo, no tengo ningún manual para disimular!, me repitió una y otra vez el vendedor mientras me guiñaba un ojo y me daba golpecitos con el codo. Yo entendí enseguida, Aaaah que pena que no tenga un manual para disimulaaaaar, y ¿dónde puedo conseguir uno?, pregunté a manera de señal de que había captado perfectamente el mensaje. El vendedor, luego de mirar hacia los costados como cuidando su palabra de oídos infieles, me dijo, Disimule. Es que para eso quiero el manual, contesté cándidamente. Disimule, repitió algo más nervioso que la primera vez. Pero es que no sé hacerlo. Estaba diciendo esto al momento en que se me acercan dos individuos de aspecto poco amigable, me mostraron rápidamente unas credenciales que no llegué a leer y me preguntaron qué estaba haciendo ahí. ¿A mí me preguntan?, respondí disimulando. A usted le preguntamos, respondieron secamente. Estoy buscando un manual para ser payaso. ¿Con que el señor es gracioso? No no, justamente para ello quiero el manual. Había logrado incomodar a los individuos con mi argucia, y cuando se disponían a contestarme el vendedor intercedió en mi favor, El señor es un buen cliente. Tales palabras parecieron calmar a las dos bestias que estaban prontas a maltratarme, tanto verbal como físicamente. Yo le agradecí al vendedor que con gesto de tranquilidad me dijo que eran de seguridad, Parecen muy feroces pero en realidad son muy amables. Le dije al vendedor que no me los podía imaginar como él me los sugería. Fue ahí que me preguntó, ¿Quiere que le diga la verdad? La forma en que me lo preguntó y el brillo en sus ojos, hicieron imposible que me negara a esa pregunta. Estos dos hombres vienen con el libro. ¿Cómo dice?, pregunté asombrado. Que estos hombres vienen junto con la compra del manual para disimular. ¿Me está diciendo que si yo compro el manual me tengo que llevar a estas dos personas a mi casa? Veo que he sido claro, amigo mío; en efecto quien lleve el libro debe llevar a los caballeros, que estarán para ayudarle a disimular, de hecho gracias a ellos usted lo hizo de maravillas. Yo no lo podía creer, al punto de que creí que todo se trataba de una broma. Por eso decidí cambiar de tema, comenzando a mostrar un interés fingido en otros materiales. Fui y vine por varias materias, llegando a casi creerme mi actuación. Saliendo de la caja, luego de haber pago una serie de libros que no me interesaban… tal era mi deseo de evitar el manual, cuando en la puerta se me apersonan los dos individuos y me extienden el manual para disimular, Tome, gentileza de la casa, dijo uno, a lo que el otro acotó, Y le vamos avisando que nos gusta cenar temprano.

sábado, 6 de agosto de 2016

                         
                                 Buenos modales

                       

                     
  La mesa estaba servida de forma que no tuviese lugar comentario alguno sobre méritos no honrados ante tan digna situación. Las tangerinas sobre el repasador a un lado, el agua con limón y azúcar a otro. Brandon tomó el mondadientes del bolsillo del chaleco y mientras intentaba quitar de su dentadura un molesto trozo de carne del día anterior comentó, Madre, ¿la comezón anal es sinónimo de la tenencia de lombrices? No necesariamente hijo mío, contestó tiernamente la madre, Hay veces en que esta es hija de la orfandad higiénica. Por las dudas haré consultas con el facultativo correspondiente, la salud es nuestro principal tesoro, dijo Brandon mientras quitaba el último resto de cáscara a una tangerina. Incorporar tanto cítrico te provocará ventosidades, anotó la madre, Y bien sabes que son tremendas. Es naturaleza, respondió Brandon, Es naturaleza que no reprimo y la expelo a modo de protesta, como militancia por un regreso a nuestra madre tierra. Terminadas las  palabras de Brandon  el mayordomo se dispuso a levantar los platos con irreprochable actitud, y antes de retirarse se dirigió a la dueña de casa, Le hago saber a la señora que se ha terminado el papel higiénico, así que os ruego a usted o a algún invitado que requiera movilizar el intestino, que de momento se abstenga, por lo tanto será mejor que me mande al expendio correspondiente y mediante una sencilla transacción económica me haga de un par de rollos. La señora, que se había dirigido hacia una biblioteca y tomado Autos Sacramentales de Calderón le contestó, Vaya de inmediato que justo estaba seleccionando lectura para  ir de vientre, y estaría muy agradecida si adquiriese también algunos palillos, tengo pocos y hoy colgué  prendas compartiendo palillo y la parte del lienzo sujeta a presión no seca en manera adecuada. A todo esto Brandon disfrutaba de un te cuando le dijo a su madre, Decidí, para su cumpleaños, interpretar mi adaptación para maracas del nocturno nº 2 op 9 de Chopin. Que alegría que me estás dando hijo mío, sabes lo que significa Chopin para mi vida. Lo sé madre, lo sé, no en vano te tatuaste ambas nalgas con su nombre. Aaaaah locuras de juventud, la de vergüenzas que he pasado, con los años no se entiende bien lo que dice y me han llegado a preguntar. En eso entra el mayordomo con una bolsa en las manos y mientras se lo entrega a su señora le dice,  No me fue suficiente como para adquirir palillos, madame. No se preocupe, ha sido usted muy amable, puede retirarse, dijo la señora mientras ingresaba rápidamente al gabinete higiénico munida de bolsa y libro. Comenzaba a leer la escena segunda de El Gran Teatro del Mundo cuando llamaron a la puerta del baño  ocasionándole un gran susto, ¡Está ocupado!, gritó con razón la señora. Disculpe madame, soy yo, dijo el mayordomo, Era para avisarle que quedé debiendo doce pesos en el expendio debido a que no había papel del barato, y traje del bueno, del suavecito.


jueves, 4 de agosto de 2016

                             Bentos de cambio
     

 Benito Bentos tenía hambre y se dispuso a cocinar colocando una olla con agua sobre el fuego. Pero su apuro era tal que olvidó la olla y puso solo el agua ocasionando un verdadero inconveniente. Lazlo Bentos lo quedó mirando no dando crédito a lo que sus ojos le indicaban. Lazlo Bentos era el hermano de Benito Bentos, el hermano siamés. Los hermanos eran muy unidos, pero últimamente estaban distanciados debido a un lío de polleras, Benito Bentos encontraba gracia en usarlas mientras que Lazlo Bentos no.
  Bentos padre, o el señor Bentos… cada lector llámelo como lo encuentre más conveniente o como más guste, yo lo hice Bentos padre, marcando cierta preferencia, debido a que en mi niñez el zapatero de cabecera de mi familia era Bentos padre… en realidad era el zapatero de nuestros zapatos no de nuestras cabeceras… zapatos que volvían perfectamente reparados y con un brillo que jamás volví a apreciar en calzado alguno; de esta manera, inmaculados,  volvían los zapatos a nuestras manos… en realidad volvían a nuestros pies, es solo una gran metáfora; lo cierto es que como escritor debo tomar en cuenta la posibilidad de que exista un lector que le  agrade más llamar, en lugar de Bentos padre, señor Bentos… yo no me voy a molestar.
 Pero volviendo a los hermanos siameses Benito Bentos y Lazlo Bentos, es interesante decir que estos no eran siameses de nacimiento, se hicieron con el tiempo, precisamente al año y medio de vida. A nadie llamó la atención ya que siempre estaban juntos, y la madre no era de andarse fijando en esas cosas, y si la madre no dijo nada todo el resto de las personas aceptó con normalidad la condición siameseril en la que incurrieron. Pero todo en esta vida tiende a finalizar, y la unidad de los hermanos no iba a ser la excepción.
 Bentos padre… era un poderoso empresario de cometas, y al estar en primavera su negocio marchaba viento en popa. Por el buen servicio que brindaban sus cometas,  había recibido como regalo dos toallas, en una se leía Yo y en otra Tú. Como buen padre se las obsequió a sus hijos, desconociendo que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.  Benito Bentos reclamó la toalla que decía Yo sosteniendo que Yo era él, y Tú era él; mientras que Lazlo Bentos sostenía que Yo era él y Tú era él. Para Bentos padre Yo era Benito Bentos y Tú era Lazlo Bentos. Para la madre era una discusión estéril ya que ambos se secarían al mismo tiempo. Para un vecino que escuchaba la discusión a través  de un corralón  Yo le correspondía a Lazlo Bentos. ¡Pero cállese viejo puto!, gritó la madre. Calma mujer, pidió Bentos padre mientras juntaba unas cometas. A todo esto los hermanos habían considerado oportuno dirimir su desacuerdo mediante el uso de  golpes de puños. La madre desesperada no sabía qué hacer; Bentos  padre juntaba unas cometas, siendo el vecino el único que se dispuso a intervenir el conflicto, y luego de unos forcejeos logró separarlos… y tanto lo logró que los separó. Bentos padre, producto de la emoción de ver a sus hijos apartados, no pudo sostener en manos unas cometas que había juntado, mientras que la madre, llorando y agradecida,  no paraba de repetir, Perdóneme por lo de viejo puto.