Buenos modales
La mesa estaba
servida de forma que no tuviese lugar comentario alguno sobre méritos no
honrados ante tan digna situación. Las tangerinas sobre el repasador a un lado,
el agua con limón y azúcar a otro. Brandon tomó el mondadientes del bolsillo
del chaleco y mientras intentaba quitar de su dentadura un molesto trozo de
carne del día anterior comentó, Madre, ¿la comezón anal es sinónimo de la
tenencia de lombrices? No necesariamente hijo mío, contestó tiernamente la
madre, Hay veces en que esta es hija de la orfandad higiénica. Por las dudas
haré consultas con el facultativo correspondiente, la salud es nuestro
principal tesoro, dijo Brandon mientras quitaba el último resto de cáscara a
una tangerina. Incorporar tanto cítrico te provocará ventosidades, anotó la
madre, Y bien sabes que son tremendas. Es naturaleza, respondió Brandon, Es
naturaleza que no reprimo y la expelo a modo de protesta, como militancia por
un regreso a nuestra madre tierra. Terminadas las palabras de Brandon el mayordomo se dispuso a levantar los platos
con irreprochable actitud, y antes de retirarse se dirigió a la dueña de casa,
Le hago saber a la señora que se ha terminado el papel higiénico, así que os
ruego a usted o a algún invitado que requiera movilizar el intestino, que de
momento se abstenga, por lo tanto será mejor que me mande al expendio
correspondiente y mediante una sencilla transacción económica me haga de un par
de rollos. La señora, que se había dirigido hacia una biblioteca y tomado Autos
Sacramentales de Calderón le contestó, Vaya de inmediato que justo estaba
seleccionando lectura para ir de
vientre, y estaría muy agradecida si adquiriese también algunos palillos, tengo
pocos y hoy colgué prendas compartiendo
palillo y la parte del lienzo sujeta a presión no seca en manera adecuada. A
todo esto Brandon disfrutaba de un te cuando le dijo a su madre, Decidí, para
su cumpleaños, interpretar mi adaptación para maracas del nocturno nº 2 op 9 de
Chopin. Que alegría que me estás dando hijo mío, sabes lo que significa Chopin para
mi vida. Lo sé madre, lo sé, no en vano te tatuaste ambas nalgas con su nombre.
Aaaaah locuras de juventud, la de vergüenzas que he pasado, con los años no se
entiende bien lo que dice y me han llegado a preguntar. En eso entra el
mayordomo con una bolsa en las manos y mientras se lo entrega a su señora le
dice, No me fue suficiente como para
adquirir palillos, madame. No se preocupe, ha sido usted muy amable, puede
retirarse, dijo la señora mientras ingresaba rápidamente al gabinete higiénico
munida de bolsa y libro. Comenzaba a leer la escena segunda de El Gran Teatro
del Mundo cuando llamaron a la puerta del baño
ocasionándole un gran susto, ¡Está ocupado!, gritó con razón la señora.
Disculpe madame, soy yo, dijo el mayordomo, Era para avisarle que quedé
debiendo doce pesos en el expendio debido a que no había papel del barato, y
traje del bueno, del suavecito.

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