jueves, 4 de agosto de 2016

                             Bentos de cambio
     

 Benito Bentos tenía hambre y se dispuso a cocinar colocando una olla con agua sobre el fuego. Pero su apuro era tal que olvidó la olla y puso solo el agua ocasionando un verdadero inconveniente. Lazlo Bentos lo quedó mirando no dando crédito a lo que sus ojos le indicaban. Lazlo Bentos era el hermano de Benito Bentos, el hermano siamés. Los hermanos eran muy unidos, pero últimamente estaban distanciados debido a un lío de polleras, Benito Bentos encontraba gracia en usarlas mientras que Lazlo Bentos no.
  Bentos padre, o el señor Bentos… cada lector llámelo como lo encuentre más conveniente o como más guste, yo lo hice Bentos padre, marcando cierta preferencia, debido a que en mi niñez el zapatero de cabecera de mi familia era Bentos padre… en realidad era el zapatero de nuestros zapatos no de nuestras cabeceras… zapatos que volvían perfectamente reparados y con un brillo que jamás volví a apreciar en calzado alguno; de esta manera, inmaculados,  volvían los zapatos a nuestras manos… en realidad volvían a nuestros pies, es solo una gran metáfora; lo cierto es que como escritor debo tomar en cuenta la posibilidad de que exista un lector que le  agrade más llamar, en lugar de Bentos padre, señor Bentos… yo no me voy a molestar.
 Pero volviendo a los hermanos siameses Benito Bentos y Lazlo Bentos, es interesante decir que estos no eran siameses de nacimiento, se hicieron con el tiempo, precisamente al año y medio de vida. A nadie llamó la atención ya que siempre estaban juntos, y la madre no era de andarse fijando en esas cosas, y si la madre no dijo nada todo el resto de las personas aceptó con normalidad la condición siameseril en la que incurrieron. Pero todo en esta vida tiende a finalizar, y la unidad de los hermanos no iba a ser la excepción.
 Bentos padre… era un poderoso empresario de cometas, y al estar en primavera su negocio marchaba viento en popa. Por el buen servicio que brindaban sus cometas,  había recibido como regalo dos toallas, en una se leía Yo y en otra Tú. Como buen padre se las obsequió a sus hijos, desconociendo que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.  Benito Bentos reclamó la toalla que decía Yo sosteniendo que Yo era él, y Tú era él; mientras que Lazlo Bentos sostenía que Yo era él y Tú era él. Para Bentos padre Yo era Benito Bentos y Tú era Lazlo Bentos. Para la madre era una discusión estéril ya que ambos se secarían al mismo tiempo. Para un vecino que escuchaba la discusión a través  de un corralón  Yo le correspondía a Lazlo Bentos. ¡Pero cállese viejo puto!, gritó la madre. Calma mujer, pidió Bentos padre mientras juntaba unas cometas. A todo esto los hermanos habían considerado oportuno dirimir su desacuerdo mediante el uso de  golpes de puños. La madre desesperada no sabía qué hacer; Bentos  padre juntaba unas cometas, siendo el vecino el único que se dispuso a intervenir el conflicto, y luego de unos forcejeos logró separarlos… y tanto lo logró que los separó. Bentos padre, producto de la emoción de ver a sus hijos apartados, no pudo sostener en manos unas cometas que había juntado, mientras que la madre, llorando y agradecida,  no paraba de repetir, Perdóneme por lo de viejo puto.                                                                                                                                                                           







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