miércoles, 29 de junio de 2016

                                  Prohibido Terminar




 Mi tío fue el responsable de la inauguración del convento de clausura del pueblo, y la policía la responsable de su clausura.  Que contentos que estaban todos, siendo mi tío el centro de la mayoría de las felicitaciones. Esto le permitió ser el encargado del cierre  del encuentro de sexo tántrico realizado tiempo después. En esta ocasión el balance no resultó tan positivo ya que la mayoría de los participantes no estaban de acuerdo con terminar. Fue entonces cuando mi tío tomó el micrófono y contó a los presentes la conmovedora historia de Blas Concordia, el primer boxeador pacífico   también conocido como El Bueno de los Puños. El relato comenzó contando el momento en que sonaba la campana del primer round y Blas Concordia arrancaba hacia su rival y le decía que lo mejor era conversar, que no tenían que pelear, y como era de esperar obtenía como respuesta una lluvia de trompadas. ¡Pará pará! ¿qué te hice yo?, solían ser las palabras de Blas Concordia, logrando que tanto su rival como el público presente quedaran absortos, confundidos; y era ese preciso momento el que buscaban, y donde aparecía la esposa de Blas Concordia, Olga, deslizándose en forma gatuna aprovechando  a repartir almanaques entre la gente. Ellos sabían que los almanaques tenían los días contados. Una vez finalizado el reparto la mujer comenzaba, en una de las esquinas del ring,  a bailar un malambo a manera de señal para Blas Concordia, que ya sabía que cuando su esposa iniciase un malambo en una de las esquinas del ring el reparto habría finalizado. Y ahí sí, los puños de Blas Concordia estarían libres de una vez por todas para el feroz combate. Blas Concordia ganó cuatro peleas y perdió treinta y siete y no tuvo empates.

 ¿Y eso qué tiene que ver con el sexo tántrico?, preguntó uno del público. Mi tío lo miró con algo de asombro y le dijo, Solo usted amigo mío no se había olvidado del sexo tántrico, haga el favor y termine.

sábado, 25 de junio de 2016

                                Héroe Anónimo

                       


 Vittorio Plá meditaba sobre la belleza reinante en la palabra sandalia, en su calor, en su armonía, en su ritmo y en lo fútil que resultaba todo cuando se la cambiaba por una o al final.

 Sandalio Cuestas es considerado como el héroe oculto de la revolución de 1904. Su leyenda pasó de una generación a otra, hallando en su calidad de oculto  la razón de su nula mención en los textos de historia. Sandalio Cuestas encontró virtud en el solo hecho de estar encubierto, sosteniendo que, Por algo será. Lo interesante de esto es que a Sandalio Cuestas no lo buscaba nadie ya que no había hecho nada que ameritase su requerimiento. Se escondía sin haber hecho antes las tropelías correspondientes para ser considerado un fugitivo. A Aparicio Saravia sí se lo buscaba por haber realizado una serie de acciones contrarias al poder de la época, resultando lógico que permaneciese en  la clandestinidad; ahora, Sandalio Cuestas, que se ocultó más que Aparicio, no le había hecho nada a nadie, y por ende nadie lo buscaba. Se comentó alguna vez que en él se inspiraron para el certificado de buena conducta. Su esposa lo consideró extraviado durante cuatro años, hasta que una mañana limpiando la cocina, corre la mesa y emerge de abajo Sandalio Cuestas realizando la clásica  solicitud de silencio consistiendo la misma en colocar el dedo índice sobre sus labios. A la mujer casi le da un síncope, pero Sandalio Cuestas la tranquilizó, Tranquila mujer que soy yo. Ya sé que sos vos, la puta que te parió, dijo la mujer al borde del desmayo. Mujer, bajá el volumen ¿o no sabés que me están buscando? Ella no daba crédito a lo que pasaba… ¿Qué decís Sandalio Cuestas?, ¿dónde estuviste todos estos años?  Debajo de esta mesa mujer, comiendo miguitas y tomando el agua del gato; es que soy un perseguido político, soy una molestia para el sistema, soy Robin Jud, el Alejandro Magno, el Asadur Mareskarián de la patria. La esposa notó algo raro en el comportamiento de Sandalio Cuestas, y ahí recordó que hacía unos días habían comprado una torta que resultó estar en mal estado y que se la dieron al gato.  Seguro se la comió Sandalio Cuestas y le cayó mal, pensó.

jueves, 23 de junio de 2016

                           Alcides contra Bando




 Alcides encontró beneficio en el tráfico ilegal de hormigas evitando pagar los derechos correspondientes en la aduana. Con suma paciencia comenzó a pasar de forma velada pequeñas cantidades de hormigas; un día una pequeña cantidad, al día siguiente otra, y con el paso del tiempo se encontró con un próspero criadero, todo sin haber corrido grandes riesgos de que el largo brazo de la ley cayese sobre él. Pero no todo fue tan sencillo como el lector puede imaginar, o mejor aún, como quien escribe transmite. Hubo momentos de mucha tensión en los que Alcides sintió hormigueos en su cuerpo, y dilucidar si estos resultaban fruto de la presión o de la apertura de algún recipiente, resultaba una estresante labor. Una vez, demostrando tener muy mala suerte, se sentó a su lado una señora con un oso hormiguero en la falda… no me pregunten qué hacía una señora con un oso hormiguero en la falda, pero sucedió así. Alcides en un primer momento no se dio cuenta con qué clase de animal compartía asiento; es más, en un principio pensó que era un bolso, pero cuando el animal lo miró fijo se dio cuenta de que no era un bolso. El oso hormiguero percibió en el ambiente cierto olor que estimuló sus jugos gástricos, y ahí  miró a Alcides. Usted le cayó bien a Gladys, dijo la señora sonriente mientras acariciaba a Gladys, el oso. Alcides quedó helado y sintió un hormigueo en todo su cuerpo. Intentó mantener la calma, pero fue imposible ya que sentía sobre si la punzante mirada de Gladys. Temía que sus nervios lo delataran y que ella descubriera que se estaba cometiendo un delito, pero para su tranquilidad el desconocimiento legal es proverbial entre los osos hormigueros. Es un hermoso animal, comentó forzado Alcides a la señora, ¿Se pelea con los gatos? La señora lo miró con extrañez, En absoluto, solo encuentra conflicto en las hormigas, y lo diluye incorporándoselas. Menos mal, dijo Alcides, Porque me mira como si tuviese gato encerrado. A ver Gladys no molestes al señor que ya estamos por llegar al final del cuento.
Estoy nervioso, dijo Alcides, No se si al final del relato Gladys me descubrirá o no.
Tranquilo, eso no depende de nosotros, dijo Gladys.
¿Cómo es que un oso hormiguero habla?, dijo la señora.
Pero el oso es suyo, ¿de qué se asombra?, dijo Gladys.
Es que es la primera vez que me pasa, dijo Alcides.
¿El qué es la primera vez que le pasa?, dijo Gladys.
Que me interpele un oso hormiguero, dijo Gladys.
¿Por qué dijiste eso Gladys?, dijo Gladys.
Porque me quiero casar con Alcides, dijo Gladys.
¡Ja ja ja!, rió fuerte Gladys mientras imitaba el vuelo de una Garza.
Ahí llegó el guarda y junto a varios pasajeros redujeron y se llevaron para ingresar a Gladys, que no paró nunca de entonar el himno.

La señora lloraba desconsolada por el rapto de locura sufrido por Gladys; mientras que Alcides la consolaba, ahora más tranquilo pensando, Esto con los ticholos no me pasaba.

miércoles, 22 de junio de 2016

                 El hombre que quería ser dos.

                    

 No solo la especialización en el uso de ganzúas le abrió muchas puertas a Alfonzo Bin, también le ayudó la creación del primer detector de puré. Este era un dispositivo que advertía la presencia de papilla a dos metros y medio a la redonda, en cualquier topografía, a cualquier hora del día, incluso en épocas de crecientes. Resultaba ideal para aquellas personas que, o bien no encontraban el puré, o bien lo perdían con frecuencia. Justamente a una organización que reunía a estos últimos Alfonzo Bin vendió su primer detector de puré, a la APPP, Asociación de Personas Perdedoras de Puré, por sus siglas en español. Esta agrupación se reunía en la casa de Alfonzo Bin, y contaba solo con dos miembros, el dueño de casa y su esposa, que estaban divorciados, pero que seguían formando parte de la asociación porque sostenían que no había que mezclar las cosas. Lo extraño es que ninguno de los dos había probado el puré en toda su vida, siendo el motivo principal la pérdida sistemática del pisado agente. Por eso se decidieron tomar cartas en el asunto. El asunto lo tenían y era la pérdida constante de puré, ahora solo faltaba tomar cartas. La señora, demostrando una simpleza mental y una linealidad alarmante dijo, Yo, Alfonzo Bin, cocóa te tomo, ¿pero tomar cartas?...te debés raspar toda la garganta con las puntitas. La inquietud de la señora, que encontró eco en su esposo, sumado al desconocimiento del recurso de la metáfora, demoró el proyecto durante meses, hasta que un buen día él se reveló y decidió tomar al toro por las guampas. A ver, Alfonzo Bin, dijo la señora, Yo encuentro más conveniente, a la hora de hacer una locura, tomar las cartas que tomar un toro, y por las guampas nada menos, porque si me decís por la cola, sigue siendo un disparate, pero…una carta con paciencia, con bastante agua, arrugándola un poquito, la tomás; ahora, ¿tomar un toro?... vos llamáme boba Alfonzo Bin, pero yo un vaso con cartas me lo puedo representar, ora barajas, ora misivas; pero, una mesita ratona, con un mantel de hule con el diseño de América del sur al revés, ese de Torres…al revés para mí porque estoy acá, para vos estaría bien que estás ahí… con un plato con tostadas, con una florero con flores en el medio, y con un vaso con un toro adentro me resulta imposible de imaginar; aparte sería por las guampas, habría que hacerle un agujerito en las mismas  y elevar al animal, y gravedad mediante o realizando una sutil succión, nos incorporaríamos al taurino elemento, y te digo que en este caso sería chupar al toro por las guampas…algo muy peligroso, desde ya te lo digo; no sé que opinás vos Alfonzo Bin. Este miraba a su esposa con ojos que delataban un sincero respeto intelectual queriendo decirle también que por qué no cenaban moñas, manteca y queso y no se complicaban tanto. ¡Conozco esa mirada!, dijo la mujer, Te agradezco el respeto intelectual que me tenés, y me gusta la idea de las moñas para no complicarnos tanto, pero yo quiero con aceite porque la manteca me hace doler acá, dijo ella tomándose ahí.




lunes, 20 de junio de 2016

                                            Hotel Otelo

                                              

 El Hotel Otelo llevará a cabo un sorteo para recaudar fondos con el noble fin de cambiar seis mesas de su perjudicado mobiliario. El primer premio será de tres mesas usadas, el segundo premio dos mesas usadas, y como todos estarán imaginando, el tercer premio consistirá en una mesa usada y una plantita. En la noche se celebrará una cena show donde se presentarán: recién llegados de Flores el dúo Robert Roberto y Robertito, desde Italia el brillante teatro negro de Helen y sus ascensores, y desde la lejana Siberia, aún herido por la doma de dos tigres blancos, Orloff y sus panteras tranquilas, y para finalizar la noche tenemos la alegría de informarles que el presidente del Hotel Otelo le pedirá matrimonio a su novia en forma de sorpresa…así que si tu, amigo lector, te llamas Olivia y eres la novia del presidente del Hotel Otelo deja de leer esto inmediatamente ya que te estarás enterando de la sorpresa que te tienen preparada…aunque si llegaste a esta altura del escrito el pedido anterior resultará completamente inútil… así que si tu amiga lectora te llamas Olivia no creas nada de lo que se escribió hasta ahora ya que se  trata todo de una broma, ja ja;  todo el resto de los mortales que leen esto les diré que sí, que crean porque todo es verdad…pero si Olivia lee esto la sorpresa también estará arruinada…experimento la horrible sensación de querer arreglar algo y no hacer otra cosa que empeorarlo…bueno, usted que está leyendo esto y no se llama Olivia, impida que estas letras lleguen a la antes mencionada; si usted no conoce a Olivia evite lea esto  toda mujer entre veinticinco y treinta años, un metro sesenta de altura, pelo lacio hasta por acá, morocha, setenta kilos de peso, rellenita, lindas pulpas y que generalmente va de la mano del presidente del Hotel Otelo; si usted conoce a Olivia olvide lo anterior…o sea, si impida que lea estas líneas, me refería a las descripciones. Y si a esta altura quien está leyendo esto es usted Olivia… ¿Qué quiere que le diga? 

sábado, 11 de junio de 2016

                          Trampa de gatos
                              


  Nuestra ciudad nunca supo tener entre sus hijos dilectos destacados científicos. Por eso resulta incomprensible el manto de olvido sobre Leónidas Cuello. Si se pregunta a cualquier ciudadano quién fue Leónidas Cuello dirán que no lo conocen, porque justamente en eso consiste el ser olvidado, en que a uno no lo recuerden; vaya sorpresa si lo conociesen, ¿qué haríamos con el manto? Leónidas Cuello fue el primer alquimista de nuestra ciudad y su principal trabajo consistió en la búsqueda de transformar polenta en rulemanes. Kilos y kilos cocinados a diferentes temperaturas y en innumerables líquidos, y ni un solo rulemán. También se le atribuyen otros trabajos, siendo el principal de estos  un claro ejemplo de los hallazgos realizados por azar. Una corriente de historiadores muy poco respetada le adjudica el descubrimiento del huevo duro. Parece que Leónidas Cuello trabajaba infatigablemente en la búsqueda del huevo pasado por agua, y un día, al poner varios en agua caliente, proveniente de la pieza lindera a su laboratorio, siente un gran ruido, como de dos tortugas peleándose. Dejó lo que estaba haciendo y se apersonó en el lugar, y efectivamente eran sus dos tortugas solucionando diferencias por vía de la violencia. Sin dudarlo se metió en el borbollón y comenzó a separarlas, que aunque parezca tarea fácil, una tortuga enojada es como un jabalí, pero diferente, es sin colmillos, más chica, menos ágil, no tan peligrosa, sin pezuñas, menos salvaje,  sin bigotes, con voz más suave y con caparazón. Pensó en escarmentarlas con unas palmadas , pero pensó que era más de lo mismo, y sabiamente optó por el camino del diálogo, Pero no puede ser, fíjense que comparten el mismo balde (Leónidas Cuello las tenía en un balde), comparten la misma lechuga, toman de la misma agua, las dos escuchan radio Montecarlo, ¿se van a estar peleando?...Vos Gutiérrez (porque una se llamaba Gutiérrez, la otra Ya veremos más adelante)…y vos Ya veremos más adelante…yo les hablo por el bien de ustedes, a mi en realidad todo esto me chupa un…¡Los huevos! ¡Los huevos!

sábado, 4 de junio de 2016

                            El Éxodo Dos  
   



 El Éxodo Dos es el último trabajo del profesor Ferdinand, y trata sobre un supuesto viaje realizado por tres orientales desde el Ayuí hasta los muros de Montevideo. Hartos del peso de la libertad estos tres valientes iniciarán una travesía pletórica en aventuras y peligros que los llevará por los diferentes parajes del suelo oriental. Según el autor el viaje se realizó en 1810, un año antes del éxodo principal, lo que brinda carácter profético a nuestros personajes. El capítulo primero comienza con el gaucho principal, conocido en el texto como gaucho principal, elogiando el lugar donde se encuentran, Que lugar digno de elogios el lugar donde nos encontramos, digo yo el gaucho principal; si yo fuese a retirarme  de mi patria con un pueblo atrás de mí, elegiría este lugar sin dudar un minuto,  hay leña a patadas, pájaros muchos, lo que garantiza un armónico despertar; los bagres parecen cajas de herramientas por el tamaño, y las anguilas bufandas; hay tanto apereá que si uno sale a caminar para reflexionar cosas de la propia existencia se anda tropezando con ellos.; hay tatú pa´charangos, y no hay alambrados.

 El mundo intelectual recibió con desagrado el trabajo del profesor Ferdinand, pero ello no fue óbice para que el profesor siguiese adelante con sus ideas, El hecho de que un año después de mi historia se realizase el éxodo principal hace a mi historia un punto de inspiración ineludible. Esta pobre y confusa defensa y el capítulo final del libro sumergieron en el ridículo al profesor Ferdinand. Cuando los tres gauchos  llegan a Montevideo son detenidos por la guardia ya que no se sacudieron los pies antes de entrar. Esto no está documentado, dijo el profesor, y en realidad es una licencia mía; es más, tengo documentos que sugieren que el real motivo de la detención de los gauchos fue el robo de calcomanías de una carreta oficial, pero ese disparate no lo podía poner.

miércoles, 1 de junio de 2016

                                 Pobre Leticio.



 En nuestra ciudad al entrar la primavera se celebra la Semana del Trabajo. En ella todos los ciudadanos ponen un día de su vida laboral para ser sorteado entre todos. A modo de ejemplo, uno saca una sesión con el carpintero, otro con el dentista, otro con el jardinero, otro con el mecánico  dental, otro protesta porque fue él el que sacó con el dentista, otro le dice que no son la misma cosa, y así se desarrolla un evento que hace a la ciudad una verdadera comunidad. En la última edición de la semana tuve la fortuna de obtener al detective privado del pueblo. Enseguida vino a ponerse a disposición, y yo con mucho respeto le agradecí y le dije que no era necesario, que en mi vida no había nada que ameritase sus servicios. Me cuesta expresar con palabras lo mal que tomó mi negativa dicho profesional. Que no puede ser, que no puede rechazar mi trabajo así porque sí, que tiene que haber algo para investigar, que no sea malo. Luego de intentar disuadirlo sin ningún éxito terminé concretando una cita en un bar para, según él, conocernos mejor, condición sine qua non para una correcta investigada. La mesa la eligió él, ya que de esa manera tendría una visión completa del recinto. Me preguntó si estaba conforme con mi nombre, si tenía gato, si había terminado el liceo, que si no él conocía unos albañiles que me ayudarían a terminarlo; me preguntó si tenía gases, si tenía gato, le dije que eso ya me lo había preguntado, me dijo que era por si eran siameses. Me tuvo una hora preguntándome disparates, sobrando cincuenta y ocho minutos para darme cuenta que esa cabecita no funcionaba bien. Al final nos dimos un apretón de manos quedando en que yo me comunicaba con él, pues le había comentado que seguramente me quitasen el apéndice dentro de unos meses, y arreglamos que él se encargaría de averiguar quién había sido.