Prohibido Terminar
Mi tío fue el responsable de la inauguración
del convento de clausura del pueblo, y la policía la responsable de su
clausura. Que contentos que estaban
todos, siendo mi tío el centro de la mayoría de las felicitaciones. Esto le
permitió ser el encargado del cierre del
encuentro de sexo tántrico realizado tiempo después. En esta ocasión el balance
no resultó tan positivo ya que la mayoría de los participantes no estaban de
acuerdo con terminar. Fue entonces cuando mi tío tomó el micrófono y contó a
los presentes la conmovedora historia de Blas Concordia, el primer boxeador pacífico
también conocido como El Bueno de los Puños.
El relato comenzó contando el momento en que sonaba la campana del primer round
y Blas Concordia arrancaba hacia su rival y le decía que lo mejor era conversar,
que no tenían que pelear, y como era de esperar obtenía como respuesta una
lluvia de trompadas. ¡Pará pará! ¿qué te hice yo?, solían ser las palabras de
Blas Concordia, logrando que tanto su rival como el público presente quedaran
absortos, confundidos; y era ese preciso momento el que buscaban, y donde
aparecía la esposa de Blas Concordia, Olga, deslizándose en forma gatuna aprovechando
a repartir almanaques entre la gente.
Ellos sabían que los almanaques tenían los días contados. Una vez finalizado el
reparto la mujer comenzaba, en una de las esquinas del ring, a bailar un malambo a manera de señal para
Blas Concordia, que ya sabía que cuando su esposa iniciase un malambo en una de
las esquinas del ring el reparto habría finalizado. Y ahí sí, los puños de Blas
Concordia estarían libres de una vez por todas para el feroz combate. Blas
Concordia ganó cuatro peleas y perdió treinta y siete y no tuvo empates.
¿Y eso qué tiene que ver con el sexo
tántrico?, preguntó uno del público. Mi tío lo miró con algo de asombro y le
dijo, Solo usted amigo mío no se había olvidado del sexo tántrico, haga el
favor y termine.

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