lunes, 4 de julio de 2016

                               A flote

                


  Floro Bertolini dedicó los últimos años de su carrera al estudio de las mojarras, centrándose en el posible estrés postraumático sufrido luego de una inundación. Es evidente, por lo tanto haremos esta sola mención, que al ser humano una creciente lo altera sobremanera, reduciendo su campo habitacional drásticamente. Floro Bertolini imaginó que lo contrario habría de suceder en una mojarra, cuyo radio de acción se vería multiplicado en cientos. En una jornada habitual una mojarra va y viene, de aquí para allá, conociendo y respetando los límites que el río impone. Pero una inundación alteraría todo esto de forma severa. Lo que antes estaba ya no estará más. Floro Bertolini imaginó que nuestras  paredes se corrieran cientos de metros, haciendo de nuestra sala otra enorme, produciendo en el caso del animal una gran angustia. Aparecerían  también nuevas mojarras fruto de las corrientes, por lo que se puede inferir que estas harían falta en otro lugar, generando en familiares y amigos, quizá, honda preocupación. Pero Floro Bertolini también manejó la posibilidad de que este impacto llevase a la mojarra  una situación de fortuna. No es descabellado imaginar que para quien nada, la existencia de un mundo de nuevas aguas por descubrir sea motivo de celebración, convirtiendo así a la actitud de la mojarra en el eje de la discusión. Floro Bertolini profundizó estas ideas en el texto La Mojarra y el Hombre, concluyendo en que la diferencia entre paralizarse, corriendo riesgos de ser  arrastrados por la corriente, y lanzarse a la aventura de vivir nuevas experiencias es solo una cuestión de agallas.

1 comentario:

  1. Me gusta mucho porque desembarcas en el muelle de la reflexión. Hablando en el lenguaje fluvial...Jeje!! Como siempre con un estilo muy personal!!

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