TENENCIA
RESPONSABLE
Irene
se sacó dos piojos, uno con un cepillo, otro con una rifa. Vaya
premio, pensó Irene mientras adquiría un número que a la postre
resultaría favorecido con dicho roedor. Ya en casa, Irene tomó a su
nueva mascota y la colocó en un plato hondo para que no escapase. En
el pasado había tenido malas experiencias con animales que ante el
mínimo descuido tenían a mal huirse. La última pena la había
sufrido con una lombriz, que la había dejado en un plato llano y
cuando la fue a bañar Rodriguez, así la había llamado, ya no se
encontraba. Pero ahora no volverá a pasar lo mismo, dijo Irene
mientras tiraba los restos de una sopa y se asía de un plato hondo
para colocar a… ¿Cómo lo llamaré?, pensó Irene. En honor a su
abuelo pensó en ponerle Mi Abuelo, pero ese no era nombre de piojo,
así que, luego de recordar a su tía, decidió llamarlo Roberto. Te
llamarás Roberto, le dijo Irene al animal que tenía carita como de
asustado… pero a Irene le pareció que la cara era de hambre, así
que sacó una mojarra de la pecera y la puso en el plato hondo.
Roberto al ver a la mojarra se refregó las manos ya que
efectivamente estaba pasando por una etapa donde la nutrición no era
la apropiada para la salud piojeril. Entonces dio un gran salto para
caer en el lomo de la mojarra y así tomar el control de la
situación. Pero vaya a saber por qué, quizás debido a la humedad
reinante en lo que era el pescado, Roberto pegó tremendo resbalón y
fue a dar en forma muy violenta contra una silla, que para su fortuna
resultó ser giratoria, así que aprovechó la vuelta y con el
impulso se le abalanzó nuevamente encontrando en este caso al
pescado bostezando, a lo que entró por una branquia y salió por la
otra. Ahí Roberto medio que se molestó y miró a Irene como
diciéndole, ¿Qué me traés?, yo soy tu responsabilidad, no podés
darme lo primero que tengas adelante. Ella entendió enseguida y
mientras guardaba a la mojarra en la pecera decía, ¿Sabés qué
Roberto?, tenés razón, te voy a hacer algo bien rico… moñas
con queso. Roberto, inquieto, contestó con una mirada como
diciéndole, Sí, me encanta, pero sin moñas, por favor.

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