lunes, 5 de septiembre de 2016

                                       
                                           TENENCIA RESPONSABLE 



 Irene se sacó dos piojos, uno con un cepillo, otro con una rifa. Vaya premio, pensó Irene mientras adquiría un número que a la postre resultaría favorecido con dicho roedor. Ya en casa, Irene tomó a su nueva mascota y la colocó en un plato hondo para que no escapase. En el pasado había tenido malas experiencias con animales que ante el mínimo descuido tenían a mal huirse. La última pena la había sufrido con una lombriz, que la había dejado en un plato llano y cuando la fue a bañar Rodriguez, así la había llamado, ya no se encontraba. Pero ahora no volverá a pasar lo mismo, dijo Irene mientras tiraba los restos de una sopa y se asía de un plato hondo para colocar a… ¿Cómo lo llamaré?, pensó Irene. En honor a su abuelo pensó en ponerle Mi Abuelo, pero ese no era nombre de piojo, así que, luego de recordar a su tía, decidió llamarlo Roberto. Te llamarás Roberto, le dijo Irene al animal que tenía carita como de asustado… pero a Irene le pareció que la cara era de hambre, así que sacó una mojarra de la pecera y la puso en el plato hondo. Roberto al ver a la mojarra se refregó las manos ya que efectivamente estaba pasando por una etapa donde la nutrición no era la apropiada para la salud piojeril. Entonces dio un gran salto para caer en el lomo de la mojarra y así tomar el control de la situación. Pero vaya a saber por qué, quizás debido a la humedad reinante en lo que era el pescado, Roberto pegó tremendo resbalón y fue a dar en forma muy violenta contra una silla, que para su fortuna resultó ser giratoria, así que aprovechó la vuelta y con el impulso se le abalanzó nuevamente encontrando en este caso al pescado bostezando, a lo que entró por una branquia y salió por la otra. Ahí Roberto medio que se molestó y miró a Irene como diciéndole, ¿Qué me traés?, yo soy tu responsabilidad, no podés darme lo primero que tengas adelante. Ella entendió enseguida y mientras guardaba a la mojarra en la pecera decía, ¿Sabés qué Roberto?, tenés razón, te voy a hacer algo bien rico… moñas con queso. Roberto, inquieto, contestó con una mirada como diciéndole, Sí, me encanta, pero sin moñas, por favor. 

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