Fede erratas.
Huguito se acostó a dormir una siesta afectado
por un fuerte olor a naftalina, producto de una bolita de la misma que estaba
sobre la mesa de luz. Cuando Morfeo hizo lo suyo Huguito comenzó a soñar que
era una polilla, una polilla con muchos problemas, que quería cortar con su
vida. Y fue así que Huguito, materializando el sueño, se tragó la bolita de
naftalina. El salto que experimentó Huguito, fruto del malestar ocasionado por
la ingesta, fue digno de un espectáculo circense. Luego de varias convulsiones logró
expulsar la bolita, no así el mal aliento. Esto lo horrorizó ya que en la noche
tenía una cita donde pensaba declarársele a su amada. Fueron vanos buches y
gárgaras, el mal aliento permanecía cual roble, terco. Huguito permaneció en la
ventana pensando en voz alta, cuando de repente se vio sorprendido por el
pasaje de un ladrón y los respectivos policías persiguiendo. Los observó dar
vuelta en la esquina y continuó su actividad anterior. En eso estaba cuando
nuevamente fue sorprendido por el ladrón, que había dado vuelta la manzana; y
de tanto dar vueltas se interiorizó de la situación de Huguito, aconsejándolo
en una de las pasadas, Hay que neutralizarlo con polillas. La cara de Huguito
se llenó de luz, y luego de agradecerle, lo que le ganó un ceño fruncido de un
policía, se dirigió al galpón donde logró
setenta polillas, comiéndoselas una por una. Casi sin creerlo Huguito
notó que el mal aliento había desaparecido. Ya en la noche, tranquilo y
aceptado por su amada, le contó a esta lo sucedido. Pero que lástima, fue su
respuesta, Te hubiese llevado a mi casa para que le dieras aliento a mi
placard.

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