miércoles, 20 de abril de 2016

                               Fede erratas.



 Huguito se acostó a dormir una siesta afectado por un fuerte olor a naftalina, producto de una bolita de la misma que estaba sobre la mesa de luz. Cuando Morfeo hizo lo suyo Huguito comenzó a soñar que era una polilla, una polilla con muchos problemas, que quería cortar con su vida. Y fue así que Huguito, materializando el sueño, se tragó la bolita de naftalina. El salto que experimentó Huguito, fruto del malestar ocasionado por la ingesta, fue digno de un espectáculo circense. Luego de varias convulsiones logró expulsar la bolita, no así el mal aliento. Esto lo horrorizó ya que en la noche tenía una cita donde pensaba declarársele a su amada. Fueron vanos buches y gárgaras, el mal aliento permanecía cual roble, terco. Huguito permaneció en la ventana pensando en voz alta, cuando de repente se vio sorprendido por el pasaje de un ladrón y los respectivos policías persiguiendo. Los observó dar vuelta en la esquina y continuó su actividad anterior. En eso estaba cuando nuevamente fue sorprendido por el ladrón, que había dado vuelta la manzana; y de tanto dar vueltas se interiorizó de la situación de Huguito, aconsejándolo en una de las pasadas, Hay que neutralizarlo con polillas. La cara de Huguito se llenó de luz, y luego de agradecerle, lo que le ganó un ceño fruncido de un policía, se dirigió al galpón donde logró  setenta polillas, comiéndoselas una por una. Casi sin creerlo Huguito notó que el mal aliento había desaparecido. Ya en la noche, tranquilo y aceptado por su amada, le contó a esta lo sucedido. Pero que lástima, fue su respuesta, Te hubiese llevado a mi casa para que le dieras aliento a mi placard. 

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