sábado, 23 de abril de 2016

                           Pobre Ramón
                                  
 Mi nombre es Ramón…Ramón Tevideo. Pensarán que es una broma, pero no, no lo es. Mi nombre ha sido una carga desde que tengo uso de razón. Lo que tendría que ser al menos motivo de simpatía, no ya orgullo, se ha transformado en una cruz. Imaginen a un niño en época escolar cargar con tal denominación. Lo que para unos era solo una broma con algo de mala intención, para mi resultaba el infierno. Risas y más  risas era lo que obtenía a diario como resultado de mi nombre. Ramón Tevideo…el niño capital….mi ombligo… el kilómetro cero; de ese estilo eran los comentarios que día a día debía de tolerar. Todos los días.  Abrigué la esperanza de que con el tiempo la situación cambiara, ¿por qué iba a suceder esto? no lo sé, pero no solo no cambió sino que, con los años y siendo los actores más grandes, la situación empeoró. Pérdida de trabajos producto de reacciones desmedidas de mi parte, débil contacto con el sexo femenino (las prostitutas que conocía no aguantaban la risa durante el acto…y eso me perjudicaba), y lo que llevó mi desgracia al paroxismo…veinticinco años sin renovar la cédula por verguenza. Esto fue el detonante, lo que me llevó a reaccionar. Harto ya de estar harto ya me cansé, de preguntarle al mundo por qué y por qué… me dije, Ramón, esto no puede seguir así, tienes que darle una vuelta a tu vida. Y fue así que decidí tomar el toro por las guampas; y como un premio de la vida la solución vino sola, como un regalo del cielo… usar mi apellido materno: Agalarza.



No hay comentarios:

Publicar un comentario