La navidad de las mojarras
Enrico de Bali estaba
instalado en la sala de espera de su dentista observando detenidamente las
fotos colgadas en la pared. En ellas había dentaduras, parciales unas,
completas otras, con sus encías y sus raíces correspondientes. Había niños con
sus madres con unas sonrisas envidiables. Había muelas solas de donde salían
diferentes flechas que indicaban lugares y nombres; todo era referente a la
profesión del responsable de la sala. En ese momento Enrico de Bali recordó que
la semana próxima tenía cita con su proctólogo. Al imaginar una posible sala de
espera lo invadió cierta inquietud. Esa idea lo llevó a ubicarse en el tema y
olvidar sus temores dentales para pasar a otro tipo de miedos. ¿Cómo y quiénes
descubrieron que la introducción de un dedo del galeno en el úpite del paciente
resultaba positivo a la hora de detectar un mal? Es muy probable que se tratase
de dos amantes hombres con conocimientos
de medicina, al menos uno de ellos. No se puede descartar que ese papel lo haya
llevado a cabo una mujer, pero las posibilidades son menores por un tema de
profesión. Es de destacar la capacidad de atención de quien ejecutó el rol
introductor, ya que se trataba de alguien a quien de verdad le gustaba la
medicina mas allá de lo sensible. Se debe haber producido un desdoblamiento en
esa persona, ya que por un lado tenemos al amante fogoso y desenfrenado, y por
otro al investigador atento, sediento de saber, que tocó algo extraño, algo que
no estaba el mes pasado y dijo, Opa…¿y esto Ramón? Enrico de Bali quedó
satisfecho con su razonamiento y esto se pudo ver en la sonrisa en su cara.
Pero la duda se presentó de nuevo, ¿cómo hizo el médico para convencer a su
segundo paciente de que tenía un nuevo método de prevención? Imagino hordas de
pacientes huyendo en sus bicicletas de los consultorios debido a lo poco
ortodoxo de la sugerencia. En eso aparece el dentista y llama a Enrico de Bali
para ser atendido, pero este se encontraba en otro mundo. El doctor lo tocó en
el hombro y Enrico de Bali se sobresaltó y gritó, ¡No quiero, No quiero!

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