La cocoa
Dicen que el tres es el número perfecto, alma, mente y cuerpo. Yo diría el tres coma uno, y es porque me encanta la cocoa. Se que la inclusión del cacao elemento quita solidez a la idea, pero gana en verdad. El recuerdo de beberla de niño en la Picada Varela luego de jugar horas en el agua, me brinda la seguridad para plantarme solo frente al mundo y defender a capa y cuchara esta teoría. Imaginar el escudo de la Asociación Cristiana de Jóvenes, que cuenta con el nombre de los tres elementos en cada uno de los costados de un triángulo, con la palabra cocoa al medio, me resulta un ejercicio inquietante. Pero se puede ir más allá, el gusto por la cocoa me acerca a la virtud, al cielo. No considero al acumular dinero como algo que brinde sentido a nuestra existencia. La posibilidad mayor del pasaje de un camello por el agujero de una aguja, a la del ingreso de un rico al reino de los cielos me resulta razonable. Y es que ser rico está mal. Y los ricos jamás utilizarán la palabra cocoa...y yo sí. No imagino a un integrante del club Bildelberg alentando a sus pares a hacer un alto en la reunión para incorporarse una cocoa. Chocolate es el sinónimo que primero aparece. Si usan cocoa los echan, o se les va la novia. Se me dirá que esto es un sin sentido de prejuicios, y yo diré que si, que lo es. ¿después de todo…qué es lo que somos si no?...¿y de qué se trata la vida entonces?...
- Gran parte de ella de superar estos prejuicios.
- ¿Y para superarlos qué es necesario?.
- Ubicarlos.
- ¿Y qué le parece que acabo de hacer?.

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