miércoles, 27 de abril de 2016



          Ojos de una princesa infiel


 Mi tío se desempeñó como falsificador en sus años de juventud de manera pésima. De hecho fue el peor de su generación, todos ellos falsificadores de verdad. Algunos de sus trabajos distaban tanto de la obra original que llamaba la atención, siendo considerado por algunos como un creador, un artista, un hacedor netamente genuino. Esta lejana relación involuntaria entre sus piezas y las a falsificar lo mantuvieron alejado de problemas con la ley. Solo una vez tuvo que declarar ante un juez, y fue por acuñar monedas…de seis pesos…ocho en total…y en madera….Es que necesitaba un inflador  y salía cuarenta y ocho pesos, se justificó ante un magistrado que intentaba dilucidar si todo aquello no se trataba de una broma de buen gusto. Otro emprendimiento que lo llevó a tener problemas, esta vez con su mujer, fue la falsificación de licuados de leche…los hacía con agua, y le quedaban un asco. Ahí su esposa se le puso firme, Un momento Plácido, es muy incómodo, fueron las palabras de la mujer que lo  amenazó con irse a hacer las valijas. Ella no entendía por qué él hacía eso, porque dinero no necesitaban ya que ella ganaba muy bien en una fábrica donde hacían valijas. Pero el real e inconsciente motivo que movía a mi tío era el de colaborar con un mundo más justo, mejorando lo que ya estaba, pero por carriles que golpearan al sistema….por eso no se entiende bien lo del licuado. No buscaba un beneficio exclusivamente personal. Pensaba en que el prójimo escaso en recursos económicos tuviese acceso a bienes poseedores de dignidad, que de otra manera sería casi imposible, Por ejemplo las curitas de lana, solía ser su ejemplo. Pero no fueron estos los inventos que lo llevaron a ser conocido como el Robin Hud de los falsificadores, a saber: el teléfono inalámbrico con cable; el contestador telefónico que respondía con una carcajada cuando la persona que dejaba el mensaje quedaba esperando una respuesta de la máquina; focos quemados que alumbraban un montón. Pero lo que realmente se considera el cenit de su carrera fue la falsificación de un consultorio que adivinaba el futuro…o sea, les decía la verdad a las personas. Usted señora es insoportable, yo también me hubiese ido como su esposo, y ni se le ocurra esperarlo. A un hombre le dijo, Disfrute de su pasado que es mucho mejor que su futuro, a su esposa se la van a empomar con su consentimiento. ¿Mi esposa me engaña?, preguntó desesperado el hombre. No no, parece que no entendió, con Su consentimiento, usted consentirá ser engañado. Pero un día pasó algo especial, en un descuido a mi tío se le cayeron las cartas y vio su propio futuro. Se quedó observando pensativo, y un ayudante le preguntó qué era lo que veía.  Me veo, contestó, juntando las cartas del piso y formando parte del final de este cuento.



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