Ojos de una princesa infiel
Mi tío se desempeñó como falsificador en sus
años de juventud de manera pésima. De hecho fue el peor de su generación, todos
ellos falsificadores de verdad. Algunos de sus trabajos distaban tanto de la
obra original que llamaba la atención, siendo considerado por algunos como un
creador, un artista, un hacedor netamente genuino. Esta lejana relación
involuntaria entre sus piezas y las a falsificar lo mantuvieron alejado de
problemas con la ley. Solo una vez tuvo que declarar ante un juez, y fue por
acuñar monedas…de seis pesos…ocho en total…y en madera….Es que necesitaba un
inflador y salía cuarenta y ocho pesos,
se justificó ante un magistrado que intentaba dilucidar si todo aquello no se
trataba de una broma de buen gusto. Otro emprendimiento que lo llevó a tener
problemas, esta vez con su mujer, fue la falsificación de licuados de leche…los
hacía con agua, y le quedaban un asco. Ahí su esposa se le puso firme, Un
momento Plácido, es muy incómodo, fueron las palabras de la mujer que lo amenazó con irse a hacer las valijas. Ella no
entendía por qué él hacía eso, porque dinero no necesitaban ya que ella ganaba
muy bien en una fábrica donde hacían valijas. Pero el real e inconsciente
motivo que movía a mi tío era el de colaborar con un mundo más justo, mejorando
lo que ya estaba, pero por carriles que golpearan al sistema….por eso no se
entiende bien lo del licuado. No buscaba un beneficio exclusivamente personal.
Pensaba en que el prójimo escaso en recursos económicos tuviese acceso a bienes
poseedores de dignidad, que de otra manera sería casi imposible, Por ejemplo
las curitas de lana, solía ser su ejemplo. Pero no fueron estos los inventos
que lo llevaron a ser conocido como el Robin Hud de los falsificadores, a
saber: el teléfono inalámbrico con cable; el contestador telefónico que
respondía con una carcajada cuando la persona que dejaba el mensaje quedaba
esperando una respuesta de la máquina; focos quemados que alumbraban un montón.
Pero lo que realmente se considera el cenit de su carrera fue la falsificación
de un consultorio que adivinaba el futuro…o sea, les decía la verdad a las
personas. Usted señora es insoportable, yo también me hubiese ido como su
esposo, y ni se le ocurra esperarlo. A un hombre le dijo, Disfrute de su pasado
que es mucho mejor que su futuro, a su esposa se la van a empomar con su
consentimiento. ¿Mi esposa me engaña?, preguntó desesperado el hombre. No no,
parece que no entendió, con Su consentimiento, usted consentirá ser engañado.
Pero un día pasó algo especial, en un descuido a mi tío se le cayeron las
cartas y vio su propio futuro. Se quedó observando pensativo, y un ayudante le
preguntó qué era lo que veía. Me veo,
contestó, juntando las cartas del piso y formando parte del final de este
cuento.

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