sábado, 17 de septiembre de 2016

                             HORA DE COMER



  Sonaron las diez y eran diez menos cinco. Definitivamente el reloj adelantaba ¿Cómo explicárselo a su padre sin que este se enfadara? pensaba Boris que en la tarde había tenido la mala idea de llevar el reloj de arena a la playa pensando que sería un buen recurso para impresionar alguna señorita. Lo que no tomó en cuenta fue el riesgo del ingreso de arena al artefacto, que ya tenía arena de por si al ser un reloj de la misma, pero era la arena adecuada siendo la recientemente incorporada más fina, aumentando así el flujo y dando lugar a un adelantamiento en el dispositivo. Si Boris hubiese concurrido a la playa de un río la arena hubiese sido más gruesa, provocando en ese caso un atraso del mecanismo. La principal preocupación del muchacho, que en este caso evito llamar Boris ya que en el enunciado anterior lo llamé de esa manera, era el carácter belicoso de su padre Gladys, que así se llamaba porque la familia vino de otro lugar donde Gladys parece ser que es un nombre de señor. Gladys era muy agresivo, y esto se había incrementado en los últimos tiempos debido a los magros resultados en los negocios. Gladys se dedicaba al transporte de agua tibia, y Boris era consciente de la importancia del reloj en el trabajo de su padre; si el agua llegaba antes estaba caliente, si llegaba tarde estaría fría. Tenía que ser en el momento exacto, no cinco minutos antes. Boris fue a la iglesia en busca de ayuda, y se confesó con el padre… no con Gladys,  padre en tanto que sacerdote… con el padre Norma, que así se llamaba porque la familia vino de un lugar donde Norma parece ser que es un nombre de señor. Así que Boris se confesó con Norma por los problemas con Gladys. Norma le aconsejó que le echara polenta al reloj. Boris preguntó si esta debía estar cruda o cocida, a lo que Norma, tomándose la cabeza entre sus manos,  le respondió que debía estar más o menos. Así lo hizo Boris al llegar a su casa, para luego sentarse y esperar a ver si Gladys notaba lo sucedido. A todo esto Héctor, su madre… que así se llamaba porque… la habían anotado mal, los padres le dijeron Anastasia, pero el funcionario que la anotó entendió Héctor, y ahí quedó Héctor. Héctor, acomodándose la enagua preguntó, Boris, ¿no viste la polenta? Boris quedó pálido, mientras que Héctor continuó, Recién me llamó tu padre Gladys para que le hiciera polenta. Boris intentó mantener la calma, y cuando iba a articular una respuesta irrumpió Gladys en la cocina insultando y pateando un gato, ¡¿Dónde está mi polenta?! a lo que Boris, mientras estiraba sus brazos con el reloj de arena en sus manos, contestó, La polenta Gladys… la polenta está en el tiempo.

3 comentarios:

  1. Impresionante, me quito el sombrero y me sacudo la arena (corré el reloj por las dudas).

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  2. Alguien alguna vez dijo que hacer humor es poner algo en el lugar que no le corresponde, donde no debería estar ni esperaríamos encontrarlo. Pero cuando algo que no debiendo ser ni estar, es guiado con maestría hacia el preciso lugar que sutil e inesperadamente fue construido para él, como aquí, también es humor y, en mi opinión, del mejor. Si ya sé; el tipo no es que esté en una dimensión paralela, está en una perpendicular (doy fe, ya que somos amigos hace muchos años) y coincido con Uds, pero también coincidirán conmigo, a poco de leer las historias, de que es genial. ¡¡ Bravo cabecita!!

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  3. Para mí, a Cabecita lo que le faltan es tomar algún medicamento que baje los niveles de delirio...

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