jueves, 26 de mayo de 2016

                                             Bob Dylan, paso                


            
       


 Dicen que una golondrina no hace verano, ¿pues cuántas son necesarias para hacerlo cabalmente? Según mi tío veinticuatro, de ahí en adelante, pero ese es el número de golondrinas que le brinda condición estival a esa época. Estaba tan convencido de ello que una vez, prontos para ir con su familia de  vacaciones, contó solo veintidós golondrinas, y no se fueron. Por suerte un vecino conocedor de la situación tomó dos gorriones y los pintó con un sylvapen, y se los soltó al costado al grito de, ¡Miren miren! A la vuelta mi tía lo abandonó, ya que no pudo superar lo de veintidós o veinticuatro golondrinas, siendo un tema de discusión permanente durante las vacaciones. Mi tío se defendía diciendo que, Si el dicho fuese que un morrocoyo no hace verano  no tendríamos esta discusión ya que la gente presencia cinco, tal vez seis morrocoyos en toda su vida. Ahí mi tía explotaba y le decía que, Debería haber escuchado a mi madre cuando me decía que no me casara con vos, que no me servías, que eras un idiota. Y pareciendo querer reparar ese hecho se mudó a lo de su madre, con la que no tenía buena relación madre-hija, si amiga-hija, o madre-amiga, pero no amiga-amiga ya que no sabían cuál era cual. Reinaba la armonía cuando se relacionaban cocinera-hija, o madre-fregadora, o madre-barredora, o madre-aspiradora, hasta que venía madre-andá a cagar mamá. ¿Y si probamos escalera mecánica-hija?, sugería no sin sarcasmo la hija. ¿Y si probamos madre-masticar una mosca pensando que es un grumo de cocóa?, decía la madre realizando un tibio aporte a la sensatez. ¡Mejor vieja insoportable y fracasada-hija! ¡Nooo, mejor madre-maquinita para depilarme los pelos del orto! Y así estaban, agresión tras agresión,  cuando se vieron sorprendidas por un silbido en aumento proveniente de la cocina indicando  que el agua se aproximaba a los cien grados centígrados. Vení, vení, dijo la madre, Acompañame a tomar unos mates así charlamos bien, no como con tu esposo que solo hablan disparates.

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