viernes, 20 de mayo de 2016

                           Su obediente criado



 Mauro estaba cansado de ir contra la corriente. No podía ir al río porque enseguida se ponía a nadar contra la corriente, y si no nadaba se ponía a caminar contra la corriente, y si no caminaba se ponía a mirar contra la corriente. Estaba siempre en contra de todo creyendo que por eso era un ser superior. Si iba a una florería pedía cien gramos de clavos, si iba a un criadero de pollos pedía un cuaderno, o que le conectaran el wifi. Si lo mandaban a comprar una pila de linterna él iba y compraba una linterna sola. Se hizo alpinista para llevarle la contra a la gente del bajo mundo… y en los días de censo se escondía. Los supositorios se los incorporaba en forma oral, mientras que el mate por suerte nunca le gustó. Llegó a asustar a su familia una noche buena cuando faltando diez minutos para las doce de la noche puso en la mesa todos los fuegos artificiales, y al tocar las campanas de las doce, en lugar de tirarlos, los guardó.
 Esta forma de ser tuvo como natural resultado  una vida social muy pobre, pero por puro contra y no por misántropo… y aquí amigo lector quiero hacer un alto, para que en caso de que desconozcas el significado de este término recurras, como yo lo hice en su momento, al auxilio de un diccionario; en caso de que lo sepas ríe suficiente, tienes derecho; en caso de que no, pues aquí te  espero……………………………………………………………………..                                  …………………………………………………………….....................

  El círculo social de Mauro se reducía a su padre, a su madre, a su o tutor y a un elefante de porcelana blanco al que de  contra le ató una moneda en la trompa. Pero esto en sí no lo preocupaba, salvo porque se estaba quedando solo y no tenía a quien llevarle la contra. Entonces se decidió a cambiar,  a ser bueno, a estar a favor de todo para llenarse de amigos nuevamente, y así comenzar todo otra vez.

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