Su obediente
criado
Mauro estaba cansado de ir contra la
corriente. No podía ir al río porque enseguida se ponía a nadar contra la
corriente, y si no nadaba se ponía a caminar contra la corriente, y si no
caminaba se ponía a mirar contra la corriente. Estaba siempre en contra de todo
creyendo que por eso era un ser superior. Si iba a una florería pedía cien
gramos de clavos, si iba a un criadero de pollos pedía un cuaderno, o que le
conectaran el wifi. Si lo mandaban a comprar una pila de linterna él iba y
compraba una linterna sola. Se hizo alpinista para llevarle la contra a la
gente del bajo mundo… y en los días de censo se escondía. Los supositorios se
los incorporaba en forma oral, mientras que el mate por suerte nunca le gustó.
Llegó a asustar a su familia una noche buena cuando faltando diez minutos para
las doce de la noche puso en la mesa todos los fuegos artificiales, y al tocar
las campanas de las doce, en lugar de tirarlos, los guardó.
Esta forma de ser tuvo como natural
resultado una vida social muy pobre,
pero por puro contra y no por misántropo… y aquí amigo lector quiero hacer un
alto, para que en caso de que desconozcas el significado de este término
recurras, como yo lo hice en su momento, al auxilio de un diccionario; en caso
de que lo sepas ríe suficiente, tienes derecho; en caso de que no, pues aquí
te espero……………………………………………………………………..
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El círculo social de Mauro se reducía a su
padre, a su madre, a su o tutor y a un elefante de porcelana blanco al que
de contra le ató una moneda en la
trompa. Pero esto en sí no lo preocupaba, salvo porque se estaba quedando solo
y no tenía a quien llevarle la contra. Entonces se decidió a cambiar, a ser bueno, a estar a favor de todo para llenarse
de amigos nuevamente, y así comenzar todo otra vez.

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