martes, 3 de mayo de 2016

             Carnaval en las tinieblas

                 


- ¿Así de predecible resulto? 
- Si, no tengas la menor duda.
- Es extraordinario, me encanta.
Estas fueron las palabras que Aldo Babieca escuchó en la conversación de una pareja, que junto a él hacían la cola para comprar en la tienda de alimentos para pollos Rodrigo. Ser predecible tiene mala prensa, siendo que realmente  buscamos permanentemente serlo y  queremos a nuestro lado personas que también lo sean. Esto, junto con una bolsa de tres kilos de alimento para pollos, sostenía Aldo Babieca. Ser predecible no tiene nada de malo, en absoluto, sobre todo si uno trabaja en la pista de aterrizajes de un aeropuerto y es el tipo que hace señales con los dos brazos y una linterna en cada mano. Si se es cartero también es conveniente tal condición, y no andar dejando las misivas de manera aleatoria. Otro trabajo en el que ser predecible es aconsejable es el de ascensorista… Pero no señor, yo voy al piso once… Bueno, pero veamos si necesitan algo en el veinticinco. Una profesión donde ser impredecible es imposible es la de domador. El encargado de la doma está sujeto a los violentos embates del animal, estos sí impredecibles, y si el domador se propusiese serlo, su deseo comparado con el accionar del animal resultaría menor e inocuo. Si pesan más los deseos del domador a los violentos embates del animal, es que este último no era tan bravo, o sea que un domador impredecible resulta un oxímoron.


 Todo esto eran pensamientos en la cabeza de Aldo Babieca que estaba en la estratósfera. Su cuerpo mientras tanto continuaba maquinalmente con el movimiento de la cola para comprar en la casa de alimentos para pollos Rodrigo, hasta que llegó su turno y la vendedora le dijo,  Señor… Señor… ¡Señor!... ¿Eeeeh?

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