Carnaval en las tinieblas
-
¿Así de predecible resulto?
-
Si, no tengas la menor duda.
- Es
extraordinario, me encanta.
Estas
fueron las palabras que Aldo Babieca escuchó en la conversación de una pareja,
que junto a él hacían la cola para comprar en la tienda de alimentos para pollos
Rodrigo. Ser predecible tiene mala prensa, siendo que realmente buscamos permanentemente serlo y queremos a nuestro lado personas que también
lo sean. Esto, junto con una bolsa de tres kilos de alimento para pollos,
sostenía Aldo Babieca. Ser predecible no tiene nada de malo, en absoluto, sobre
todo si uno trabaja en la pista de aterrizajes de un aeropuerto y es el tipo
que hace señales con los dos brazos y una linterna en cada mano. Si se es
cartero también es conveniente tal condición, y no andar dejando las misivas de
manera aleatoria. Otro trabajo en el que ser predecible es aconsejable es el de
ascensorista… Pero no señor, yo voy al piso once… Bueno, pero veamos si
necesitan algo en el veinticinco. Una profesión donde ser impredecible es
imposible es la de domador. El encargado de la doma está sujeto a los violentos
embates del animal, estos sí impredecibles, y si el domador se propusiese
serlo, su deseo comparado con el accionar del animal resultaría menor e inocuo.
Si pesan más los deseos del domador a los violentos embates del animal, es que
este último no era tan bravo, o sea que un domador impredecible resulta un
oxímoron.
Todo esto eran pensamientos en la cabeza de
Aldo Babieca que estaba en la estratósfera. Su cuerpo mientras tanto continuaba
maquinalmente con el movimiento de la cola para comprar en la casa de alimentos
para pollos Rodrigo, hasta que llegó su turno y la vendedora le dijo, Señor… Señor… ¡Señor!... ¿Eeeeh?

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