jueves, 12 de mayo de 2016

                     
                    Amílcar, vas con sellos.

                          

 La peor rifa del mundo se llevó a cabo en el Club de Cometas La mojarra, cuando la comisión directiva aspiró a cambiar los manteles y las cortinas del comedor, ya que hacía años que los mismos lienzos eran usados para ambos fines. La idea era que los allegados al club colaboraran donando lo que considerasen apropiado para instrumentar la premiación. Así se recibieron desde un rollo de  alambres de púas para niños, esto era alambre de púas pero sin púas para evitar toda posibilidad de lesión infantil, hasta una tetera de agua tibia acompañada de una carta donde el donante eximía de toda responsabilidad a la organización ante la posible  pérdida de temperatura del contenido elemento. Al final la tetera de agua tibia se utilizó como presente en la ceremonia anual donde la comisión homenajeaba al socio con más rulos. El donante de la tetera elevó una queja donde expresaba su deseo de que su regalo formase parte de la rifa y no del homenaje. El presidente le explicó que su donación tuvo lugar el día antes al homenaje, y que de esa manera se preservó el carácter tibio del presente, evitando perjudicarlo con el natural paso del tiempo. El vecino entendió de buena manera los motivos, y tanto los entendió que donó otra tetera de agua tibia,  que otra vez y por las mismas razones fue utilizada como presente, esta vez en la ceremonia anual donde la comisión homenajeaba al socio con menos rulos, que resultó ser el mismo ya que era el único socio de rulos.
 La rifa hubiese resultado todo un éxito si hubiesen aclarado que no era gratis, ya que olvidaron poner el precio en el talonario. Y cuando vino el primero y se llevó un número pensando que era una gentileza no se animaron a decirle porque les dio vergüenza, y así con el segundo y el tercero. Fue un éxito social pero un desastre financiero. El primer premio se lo llevó el instructor de bochas Charo Dominguez, “el bocha”, haciéndose de dos hermosas teteras gentileza de Amílcar Cazulo, “el rulo”.


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