Méritos y
merecimientos
Guzmán
comenzó a trabajar en una academia de maracas. Era el encargado de apartar el
pollo. Por una desconocida razón todas las mañanas el instituto amanecía con un
pollo aferrado a cada maraca. Guzmán realizaba su tarea con llamativa pericia.
En un principio, como es de esperar, optó por utilizar la fuerza bruta para
apartar al plumífero elemento. Pero el pollo es un animal de carácter fuerte,
sobre todo el pollo maraquero, que se le nubla la mente y es peor que una mula,
porque la mula no tiene pico, entonces no pica. Con el tiempo, luego de
perjudicar unos cuantos a punta pié, Guzmán optó por el camino del diálogo. Si
bien los lugares a los que arribó no pueden considerarse como satisfactorios,
se alejó bastante de los resultados iniciales que fueron nulos. En esta
experiencia el pollo tendía a ceder, no experimentando rigurosidad en la mirada
y permitiendo en sus plumas cierta flexibilidad. Considerando este avance
Guzmán decidió profundizar en su metodología añadiendo la lectura temática. Se
sabe que el pollo recibe con agrado el buen leer, así que Guzmán comenzó a
utilizar como material el libro de los clasificados de El País. Jamás lo llamó
por su nombre, El Gallito Luis, temiendo que el pollo ingresase en cólera
debido a posibles envidias. En un principio todo pareció inocuo ya que el pollo
no parecía reaccionar. El motivo, Guzmán se dio cuenta con el tiempo, fue la
sección de los clasificados, camping. Al pollo no le gusta acampar. Pero todo
cambió cuando llegaron a la venta de vehículos usados, particularmente los Fiat
Uno. Ahí, cual milagro, el pollo se desasía de las maracas como si fuesen
fuente de pecado. Esto produjo gran algarabía en los presentes, y los festejos
esa noche fueron hasta tarde. Pollos, empleados y maracas convivieron en paz, y
pese a que no le aumentaron el sueldo, el dueño en señal de agradecimiento le
puso Academias de Maracas Guzmán.

¡Muy divertidos e inteligentes Cabeza! (Sugerencia: agregale al blog un botón para poder seguirte).
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