miércoles, 25 de mayo de 2016

                              Bob, di lampaso

                 


 Héctor Mandrágora era tan optimista que en un trozo de hilo encontraba un balero incompleto. Era un canto a la vida. Iba por la calle saludando niños, aves y flores. Por ejemplo, si pasaba por una talabarteria entraba y decía, Gracias trabajadores  por ejercer este oficio tan noble; los besaba y se iba. Si pasaba por la oficina de objetos perdidos entraba y decía, Gracias señores oficinistas, no tienen idea lo que significa para la ciudadanía de bien perder sus  objetos y permanecer tranquilos; los besaba y se iba. En una oportunidad  compró un huevo de pascua y al abrirlo se encontró con la ausencia de las sorpresas correspondientes. Quienes lo acompañaban lo alentaron a que iniciara la queja correspondiente, pero Héctor Mandrágora dijo que no, que la mayor sorpresa estaba en la propia ausencia, ¿Qué mayor sorpresa que esa? Una vez citó a una joven que era destinataria  de todo su afecto en la góndola de las arvejas baratas de Tata. La joven no se hizo presente, quién sabe por qué;  pero a Héctor Mandrágora esto no lo afectó, encontró la posibilidad de ahorrar dinero comprando arvejas baratas. Pero la espera había sido muy larga, así que las arvejas habían subido de precio; pero a Héctor Mandrágora esto no lo afectó, encontró la posibilidad de ahorrar dinero evitando comprar arvejas baratas caras. En el momento en que se disponía a retirarse vió a una hermosa joven llorar apoyada en la góndola... Perdón que la moleste pero no puedo evitar preguntarle si se encuentra usted bien, fueron las cálidas palabras de Héctor Mandrágora. Si si, estoy bien, muchas gracias, es solo que tenía una cita aquí y me dejaron plantada. Caramba, que extraña coincidencia, a mí también me acaban de dejar plantado en este lugar, pero no desespere, aún hay muchas cosas bellas. La joven paró de llorar y observó a Héctor Mandrágora ya no con tristeza, Bueno, es verdad que es una extraña coincidencia, había elegido la góndola de las arvejas baratas a modo de señal de que lo realmente importante para mí era él, y no su dinero. Es increíble…yo elegí este lugar por las mismas razones, pero evidentemente no nos entendieron, dijo Héctor Mandrágora. Los jóvenes quedaron fulminados, sabiendo que sus vidas estaban destinadas a ser una sola. Es increíble que en el lugar más barato del supermercado quizá hayamos encontrado una de las cosas más preciadas para una persona. Es verdad, es todo muy increíble, pero me queda una duda. ¿Cuál? ¿Eso quién lo dijo, vos o yo? Como estamos en el final del cuento ¿qué te  parece si eso lo  decide el lector?  Me parece muy bien.

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