Bob, di lampaso
Héctor
Mandrágora era tan optimista que en un trozo de hilo encontraba un balero
incompleto. Era un canto a la vida. Iba por la calle saludando niños, aves y
flores. Por ejemplo, si pasaba por una talabarteria entraba y decía, Gracias
trabajadores por ejercer este oficio tan
noble; los besaba y se iba. Si pasaba por la oficina de objetos perdidos
entraba y decía, Gracias señores oficinistas, no tienen idea lo que significa
para la ciudadanía de bien perder sus objetos y permanecer
tranquilos; los besaba y se iba. En una oportunidad compró un huevo de pascua y al abrirlo se
encontró con la ausencia de las sorpresas correspondientes. Quienes lo
acompañaban lo alentaron a que iniciara la queja correspondiente, pero Héctor
Mandrágora dijo que no, que la mayor sorpresa estaba en la propia ausencia,
¿Qué mayor sorpresa que esa? Una vez citó a una joven que era destinataria de todo su afecto en la góndola de las arvejas
baratas de Tata. La joven no se hizo presente, quién sabe por qué; pero a Héctor Mandrágora esto no lo afectó,
encontró la posibilidad de ahorrar dinero comprando arvejas baratas. Pero la
espera había sido muy larga, así que las arvejas habían subido de precio; pero
a Héctor Mandrágora esto no lo afectó, encontró la posibilidad de ahorrar
dinero evitando comprar arvejas baratas caras. En el momento en que se disponía
a retirarse vió a una hermosa joven llorar apoyada en la góndola... Perdón que la
moleste pero no puedo evitar preguntarle si se encuentra usted bien, fueron las
cálidas palabras de Héctor Mandrágora. Si si, estoy bien, muchas gracias, es
solo que tenía una cita aquí y me dejaron plantada. Caramba, que extraña coincidencia,
a mí también me acaban de dejar plantado en este lugar, pero no desespere, aún hay
muchas cosas bellas. La joven paró de llorar y observó a Héctor Mandrágora ya
no con tristeza, Bueno, es verdad que es una extraña coincidencia, había
elegido la góndola de las arvejas baratas a modo de señal de que lo realmente
importante para mí era él, y no su dinero. Es increíble…yo elegí este lugar por
las mismas razones, pero evidentemente no nos entendieron, dijo Héctor
Mandrágora. Los jóvenes quedaron fulminados, sabiendo que sus vidas estaban
destinadas a ser una sola. Es increíble que en el lugar más barato del supermercado
quizá hayamos encontrado una de las cosas más preciadas para una persona. Es verdad, es todo
muy increíble, pero me queda una duda. ¿Cuál? ¿Eso quién lo dijo, vos o yo?
Como estamos en el final del cuento ¿qué te parece si eso lo decide el lector? Me parece muy bien.

GRANDE SEGUNDO!!!!!!
ResponderEliminarMuchas gracias estimada o estimado Anónimo.
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